notitle
notitle

Enrique Castillo,Opina.21ecastillo@peru21.com

Al cerrar la semana, dos decisiones políticas mantienen a los involucrados en el ojo de la tormenta y como principales protagonistas de los titulares de los medios.

Los congresistas han decidido ratificar el incremento de los gastos de representación, a pesar de todas las críticas y llamados. Era previsible. Si retrocedían, no sólo hubieran admitido que cometieron un error o un exceso, sino que, además, les iba a resultar muy difícil incrementarse los ingresos más adelante. Han preferido soportar a pie firme todas las críticas, apagar sus celulares, y esperar a que en algún momento pase la tormenta.

Sin embargo, el reclamo quedará latente. La gestión de Víctor Isla ha quedado "manchada"; la invocación del Presidente devaluada; el liderazgo del Jefe de Estado sobre su bancada debilitado; la posición de la bancada oficialista deteriorada; y el rol del Congreso cuestionado.

Anel Towsend hizo pública la contratación de Luis Favre como asesor de Susana Villarán en su campaña contra la revocatoria. Como ha dicho la misma Anel, todos tienen derecho a elegir al profesional que quieran para hacer su trabajo, pero este anuncio trae algunos temas consigo. Lleva todos los reflectores hacia la imagen de Favre, y no sobre las buenas obras de Villarán, que es lo que se supone ellos debieran querer. En una campaña tan corta pone en debate el tema de los honorarios de Favre y las fuentes de su financiamiento, provocando y facilitando chismes, rumores y sospechas de todo tipo, y desviando lo que debería ser el centro de atención. Provoca las asociaciones, reales o imaginarias pero públicas, con empresas brasileñas que hoy tienen contrato con la Municipalidad. Y, finalmente, convierten en protagonista a quien debería tener el perfil más bajo en la campaña de Villarán, convirtiéndolo en "el salvador", pero a la vez en blanco de campaña.

Parecen poco inteligentes las decisiones.