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Roberto Lerner,Espacio de crianza

¿Privacidad? La vemos desvanecerse en medio de audios, fotos y videos con información que debió quedar en el momento en que se produjo y en la memoria de quienes la vivieron directamente.

Tenemos derecho a un territorio que incluye nuestra identidad, pertenencias, sentimientos, ideas y cuerpo. Como todo territorio, tiene fronteras y deberíamos poder determinar quién puede acceder, a qué y en qué circunstancias.

Hoy, en medio de una locura escrutadora que viene de fuera y una pasión exhibicionista que viene de dentro, con tecnologías de registro infalibles, la privacidad parece indefinible e indefendible. Una suerte de territorio en el que todos son turistas que no necesitan visa. Peor: un país con fronteras desconocidas.

Las cosas son más complejas de lo que parece.

Tendemos a pensar que en las redes sociales los más jóvenes son quienes menos cuidado tienen. Falso, según una encuesta muy interesante: los que tienen entre 18 y 29, los milenarios, limitan la información que aparece sobre ellos en línea, modifican las variables de privacidad para definir quiénes pueden acceder a lo que publican, eliminan comentarios negativos sobre ellos y excluyen sus nombres de fotos tageadas para identificarlos, mucho más que los de más edad.

Es un asunto de cultura tecnológica. Haríamos bien los mayores en poner al día nuestra privacidad con la naturaleza de las redes sociales, cuya lógica profunda no siempre entendemos pero usamos intensamente. Aunque la naturaleza de la privacidad se redefine, se puede mantener si entendemos las nuevas condiciones en que se da.