Solo un 14.3% de viajes diarios en Lima y Callao se realiza en auto particular y en taxis regulares o de aplicación. El resto de viajes se realiza en transporte público, señala la columnista. |  Foto: Anthony Niño de Guzmán/@photo.gec
Solo un 14.3% de viajes diarios en Lima y Callao se realiza en auto particular y en taxis regulares o de aplicación. El resto de viajes se realiza en transporte público, señala la columnista. | Foto: Anthony Niño de Guzmán/@photo.gec

Esta semana se generó un debate en Twitter sobre para quiénes debería estar diseñada la ciudad, si para los conductores de vehículos o para los usuarios de transporte público y los peatones. Mi posición ha sido siempre la última. Las ventajas de optar por una ciudad diseñada para priorizar a pasajeros y peatones es que no solo se benefician ellos sino que todos ganan, incluso los conductores. Esto es algo que aún no es conocido por la mayoría de personas, por lo cual se genera rechazo a cualquier intento de promover una escala más humana.

En nuestro país, las ciudades se diseñan pensando en el auto y, en particular, en el auto privado. Por ello, se invierten millones en “soluciones” para aliviar el tráfico que sufren los conductores (por ejemplo, el Óvalo Monitor o el proyecto de Vía Expresa Santa Rosa) o se instalan puentes peatonales en zonas urbanas. Así también, los intentos de ofrecer mejor servicio a los pasajeros son abortados y ni qué decir de la reforma del transporte que no avanza. Las obras en beneficio de peatones suelen ser residuales y aunque vemos avances con la promoción de estrategias de peatonalización, la verdad es que estos siguen siendo la última rueda del coche.

El debate en Twitter permitió identificar algunos argumentos en contra de diseñar la ciudad para las personas y no para los autos. Desde el terror comunista a que se les quite su propiedad o se les prohíba comprarse un auto hasta la inseguridad de quienes temen reconocer sus privilegios como propietarios de vehículos aunque nadie les esté negando el esfuerzo que seguro –a varios de ellos– les ha costado obtenerlo. Desde la facción #ConMiCarroNoTeMetas que no tiene reparos en pedir que se eliminen los paraderos del transporte público y que poco valoran la vida de peatones y ciclistas hasta una nueva ola de ciudadanos que al estilo #AllLivesMatters pretenden invisibilizar las necesidades de los más vulnerables (peatones, ciclistas y pasajeros) y exigen que la ciudad se diseñe “para todos”, es decir para los conductores.

Las estadísticas son claras, solo un 14.3% de viajes diarios en Lima y Callao se realiza en auto particular y en taxis regulares o de aplicación. El resto de viajes se realiza en transporte público, otros medios de transporte y modos activos (caminata y bici). Nuestro pésimo servicio de transporte público motiva a más personas a optar por otros medios de transporte, costándoles más dinero y complicando el sistema de movilidad. Si empezamos a atender y resolver los problemas del transporte público y ofrecemos buenas condiciones de caminabilidad, los flujos de los vehículos también mejorarán, podrá garantizarse fluidez, disminuirán las fricciones y el estrés de las personas, se reducirán los siniestros viales y, con ellos, la cantidad de víctimas. Realmente ganaríamos todos… pero hay quienes aún vociferan #ConMiCarroNoTeMetas.