Rigoberta Menchú: "Lo más grave en la violencia 
a la mujer es la impunidad". (Piko Tamashiro/Perú21)
Rigoberta Menchú: "Lo más grave en la violencia a la mujer es la impunidad". (Piko Tamashiro/Perú21)

La primera vez que vino al Perú, en 1993, un año después de haber recibido el Premio Nobel de la Paz, no le permitieron ingresar al país. Vino como embajadora de las Naciones Unidas. La Cancillería de entonces le comunicó a la Asamblea General que ella no podía entrar al Perú porque el país no estaba preparado para recibirla. Pero así como enfrentó los secuestros de su hermano Patrocinio y su madre; la muerte de su padre, quien murió calcinado; y el asesinato de su hermano Víctor, ella asumió el desafío e igual vino a Lima, como turista y alojada 24 horas en la casa de unas monjas. La guatemalteca Rigoberta Menchú (1959) volvió a la capital esta semana para dar charlas en la Universidad César Vallejo. Y conversó con este diario.

Este 2017 se cumplen 25 años de que usted recibió el Premio Nobel de la Paz. ¿Hoy vivimos en un mejor planeta?
La humanidad sigue su marcha con muchas dificultades, especialmente por la desigualdad. La riqueza universal está en pocas manos. La mayoría de los tomadores de decisiones no tiene que ver con la población, que sigue persiguiendo sus sueños, que muchos son ya utopías; sin embargo, los siguen buscando, por eso vemos la migración.

El nivel de decepción es preocupante. Muchos creyeron en los líderes de izquierda que llegaron al poder, pero varios están vinculados a la red de corrupción de Odebrecht.
Hubo una apertura muy grande de consolidar las posiciones de América Latina, especialmente con Petrocaribe, Unasur y otras instituciones, pero se volvieron esquemas muy alejados de las realidades sociales.

¿Por qué pasa eso?
La corrupción asimiló a un conjunto de gentes que estaban ansiosas, el poder se volvió contaminante. Los pueblos indígenas habíamos esperado mucho, hicimos mucho esfuerzo para que los políticos más progresistas nos entendieran.

¿Se siente decepcionada de los políticos progresistas?
Sí, desafortunadamente los pueblos indígenas no ganaron absolutamente nada con lo que se suponía eran aperturas democráticas. Siguieron los problemas con la minería, la usurpación de tierras, la falta de consulta. Hace unos 15 años, a los más altos niveles de la izquierda latinoamericana les dije que si hay una tendencia de ‘campesinizar’ (hacer que luchen por la tierra mercantil y no entender la visión ancestral) a los pueblos indígenas, nunca iban a lograr un proyecto de inclusión. A estos pueblos se les impuso la lucha campesina. Al final, lo que se lograba era comercializar la tierra, pese a que su valor no es solo comercial.

Hoy la paz está amenazada por grupos radicales como el Estado Islámico y gobernantes que le echan leña al fuego. ¿Donald Trump es una amenaza para la paz?
Son políticos perversos, que usan ciertos esquemas para ocultar otros problemas. El tema islámico es una cortina de humo para ocultar la carrera armamentista, las plantas nucleares.

¿Venezuela es una cortina de humo o una lamentable realidad?
En Venezuela hay muchas cosas en juego, empezando por el petróleo. Es un país increíblemente rico. La problemática no es solo política, sino geopolítica, de todos los que quisieran tener un pedazo de control. No me meto mucho en Venezuela porque no tengo manera de participar.

Parte importante de las denuncias contra el gobierno de turno tiene que ver con la violación de derechos humanos.
Uno no tiene el control de saber lo que exactamente está pasando, y se puede cometer el error de especular.

¿La crisis no es evidente?
Uno puede adivinar de lejos, pero no es necesariamente lo que...

¿No cree que Maduro es una amenaza para Venezuela?
No juzgaría a nadie hasta que no tenga toda la referencia para hacerlo. Prefiero no especular.

Hoy es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer. ¿Dónde cree que puede estar la raíz de esta problemática?
Hay raíces históricas en las que a la mujer se le estigmatizó, marginó, acalló, pero lo más grave en los últimos años es la impunidad. Muchos casos de violencia hacia mujeres debieron ser perseguidos por la ley. Se debe sentar un precedente jurídico.

¿De qué otra forma la sociedad debe enfrentarlo?
La educación de que los seres humanos somos complementarios, una cultura por el respeto. Una inversión del Estado en una educación del respeto.

¿A la mujer qué papel le toca?
Parte de lo cotidiano es la mujer que perdona al agresor. En mi país, la mayoría de las mujeres que pone una denuncia contra un hombre la retira cuando el proceso avanza. Las mujeres también tienen que tomar un rol más equitativo.

A raíz de los casos de violación en el Perú, se ha puesto en debate instaurar la pena de muerte para los violadores. Y en su país, más bien, se acaba de abolir. ¿Qué opina?
Jamás apoyé la pena de muerte. No es cierto que un violador al día siguiente ya pasó por todos los procesos de la justicia. En Guatemala, hubo casos que duraron 10 años y cuando llegaron a la Presidencia, los indultaron. Esta pena se volvió un juguete de los extremistas. La pena máxima en prisión sí debe darse.

AUTOFICHA

“Mi primera intención fue crear un partido político. Ningún maya creó un partido. Y logramos hacerlo con 96% de mayas y 45% de mujeres. Lo que no tuvimos es el poder de la impunidad para hacer campaña electoral. El partido que formé es como uno de mis hijos”.

“Participé en dos campañas presidenciales. Lo que quise hacer es desafiar al sistema y lo pude hacer, y nadie me va a quitar eso. Fui la primera candidata mujer presidencial en Guatemala, cuando todos decían que las mujeres no podían ser candidatas”.

“Fui la primera mujer maya en ostentar la candidatura presidencial. Luego de mi postulación, en 2007 surgieron muchas candidatas mujeres, y eso para mí es un honor muy grande. Me han ofrecido la Cancillería, pero no me veo por el momento en un cargo público”.

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