(América TV)
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La tarde del martes 31 de octubre, cerca de las 4:00 p.m., la muerte de dos personas conmocionó Lima. En el , ubicado en Miraflores, una mujer había fallecido producto de un impacto de bala; y en el estacionamiento del recinto, el cuerpo de un hombre yacía dentro de un auto tras darse un tiro en la cabeza. Era la información constatada que se tenía.

En eventos como estos, usualmente son las redes sociales las primeras fuentes de difusión debido a que son los usuarios los que proveen de videos, fotos y – principalmente – opiniones de lo que creen suponer que ha sucedido. Pero, obviamente, una opinión no puede reemplazar a los hechos.

A primera vista podía sacarse una conclusión apresurada y hablar de una pareja que había encontrado un trágico final por responsabilidad de uno de ellos. Pero había cabos sueltos. Atarlos de manera racional y sustentada es tarea del periodismo, no de las redes sociales.

Tras hacer consultas con fuentes, se tuvo más certezas. Perú21 publicó una nota informando que Rosa Benavides murió luego de que Felipe O’Neill la hiriera accidentalmente con su arma de fuego.

Las redes sociales estallaron. Había quienes especulaban con la real causa del homicidio. Pero hubo otros que, sin tener más información que la que se presentaba, sentenciaron y tipificaron el caso, no sin antes señalar a este diario de encubrir la verdad.

Una de esas personas fue la excongresista de izquierda Rocío Silva Santisteban, quien, en lugar de sacar a relucir el criterio periodístico que alguna vez ejerció, condenó el suceso como un feminicidio casi por obligación ideológica. Porque a sus ojos el motivo no podía ser otro.

“¡Qué se puede esperar de Perú21! Invisibilizar un feminicidio es ser parte del problema”, expresó desde su cuenta de X (antes Twitter), con la carga ideológica que la caracteriza.

A ella se sumó la actriz Francesca Brivio, quien sin tener acercamiento mínimo a la tragedia, desparramó su ira por no leer la noticia que quería.

“¿Cómo carajo se puede publicar algo así? ‘la mujer falleció luego de que Felipe O’Neill la hiriera accidentalmente con su arma de fuego’ ¿ACCIDENTALMENTE?”, dijo.

La ONG Manuela Ramos también se sumó a la ola y, además de atacar a este diario, aseguró que Benavides y O’Neill eran pareja, una afirmación que tanto amigos y familiares de los fallecidos descartaron de plano.

“La mujer fue asesinada por su expareja en el restaurante Panchita. Fue un feminicidio y posterior suicidio del feminicida. Los medios de comunicación tienen una responsabilidad ética que no deben olvidar”, publicó.

El problema con este desenfrenado tuiteo es que estos personajes con miles de seguidores, que asientan sus afirmaciones sin cuestionarlos por estar en la misma vereda política, generan una corriente de opinión que trastoca la verdad y perfila historias creadas. Todo lo que el periodismo serio combate.

Con la misma responsabilidad inicial, que concluyó que la muerte de Rosa Benavides no se trató de un feminicidio, sino de un homicidio culposo. Un delito involuntario que llevó a Felipe O’Neill a quitarse la vida al no soportar la culpa.

Y el video de la cámara del restaurante,, en el que se constata el disparo accidental del arma, terminó por aclarar los comentarios irresponsables.

La fiscal Luz Palacios interrogó a los testigos, analizó el video de la cámara de seguridad que grabó todo el episodio y realizó la necropsia a los cuerpos para confirmar la causa del deceso. Ese trabajo le tomó 15 días, ya que su resolución final la emitió el 13 de noviembre.

Nuevamente, la prensa cumplió su función y, aunque a algunos no les guste, la verdad prevaleció.

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RAFAEL VELA


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