/getHTML/media/1229342
Nicolás Yerovi: "Celebramos la sobrevivencia"
/getHTML/media/1229339
Fernán Altuve: "¿Presentar candidato de 87 años se puede considerar estabilidad?"
/getHTML/media/1229338
Orgullo de ser peruano: ¿Qué nos hace sentirlo?
/getHTML/media/1229336
Nancy Arellano sobre Elecciones en Venezuela: "Esta no es una elección tradicional"
/getHTML/media/1229265
Zelmira Aguilar: "Alejandro Villanueva creó el estilo de juego de Alianza y Selección"
/getHTML/media/1229195
Cherman: "Quien me quiebra el lado patriótico fue Juan Acevedo con Paco Yunque"
/getHTML/media/1229190
Marco Poma CEO de Tkambio: "Perú está atrasado en materia de 'open banking'"
/getHTML/media/1229009
Javier Arévalo, escritor: "Sin bibliotecas, el hábito de leer no nace en los niños"
/getHTML/media/1228674
Mujeres Aymaras sorprenden con su arte en Desfile de Modas
PUBLICIDAD

Armados para no pensar

Pasé varias horas haciendo zapping. Siempre lo hago, pero por periodos muy cortos. Si no me hubiese rescatado una bella emisión sobre cocina de la TV francesa, habría sucumbido a las series gringas que son, creo no exagerar, un himno y un homenaje, cuando no una publicidad, a las armas de fuego.

Imagen
notitle
Fecha Actualización
Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Viendo varias películas al mismo tiempo, tomé conciencia de que el denominador común eran las armas. Las había de todo tipo y tamaño, y los intérpretes las utilizaban con el mismo desparpajo con el que uno utiliza algún miembro de su cuerpo.

Asistí a un centenar de asesinatos en los que no recuerdo haber reparado en el menor gesto de compasión o arrepentimiento. Para quien tener un arma en la mano, como yo, es una situación límite –incluso difícil de imaginar–, sorprende que en las películas aparezca como la más natural de las conductas.

Lo visto me dejó el extraño sabor de que rechazar las armas debe sonar a cobardía, a ausencia de hombría. ¿Tendrá esa conducta efecto sobre los espectadores? Supongo que un niño que asiste a diez mil, cien mil o un millón de muertes debe terminar creyendo que es natural andar armado y que es natural apretar un gatillo. No citaré Columbine, Aurora o Oak Creek (ayer), pero esos casos no parecen tan frecuentes en otras latitudes como lo son en Estados Unidos. Supongo que el efecto existe pues uno de esos enfermitos que amenazan por mail y que me escribe frecuentemente pretende amedrentarme hablando del poder de fuego de Estados Unidos. Es un paciente local, pero ha sido idiotizado a la distancia por el relumbrón de tanta metralla y de tan salvaje menosprecio por la vida.