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Juan Carlos Calderón: “Los Toribianitos son una tradición de la Navidad”

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Conversamos con el ex toribianito Juan Carlos Calderón. (Perú21/ Manuel Melgar)
Fecha Actualización
Asegura que no era él quien cantaba. Se refiere al día que audicionó para el padre Óscar Aquino Pérez. Tal vez fue algo divino o quizás fue de tanto escuchar a su madre. Después de cantar, el padre le dijo: “Tú vas a ser el solista”. De esa manera se oficializó su ingreso al renovado coro del colegio Externado Santo Toribio, que luego pasaría a ser Los Toribianitos, en el que fue primera voz durante cuatro años.
Era 1981 y tenía 11 años, la misma edad que su hijo, quien acaba de cumplir cuatro meses en el tradicional coro infantil, que hoy se presenta en el Jockey Plaza como parte de la nutrida agenda navideña del grupo.
Afirma que esta es su primera entrevista después de 30 años. Llega con su hijo Juan Manuel y su esposa. “Ella lo acompaña a los conciertos y yo debo preparar su ropa para la presentación del día siguiente”, me explica Juan Carlos Calderón, quien hoy es psicólogo, pero sobre todo un padre orgulloso y un extoribianito satisfecho por su legado.
¿Cómo pasan de ser el coro del colegio a Los Toribianitos?
En el 81 llegó la disquera y al padre le propusieron hacer un disco y buscar un nombre más atractivo. Propusieron Los Toribianitos. Armaron 40 temas y con piano y guitarra los presentamos como un boceto. La disquera seleccionó 20 canciones y, con un arreglista, músicos y las primeras voces del coro, armamos las canciones. Quedaron 15 temas y las grabamos en un casete, y a ensayar. Y en el año 82 salió el primer disco, un vinilo de 12 canciones.
¿Cuánta distancia hubo entre lo que era el coro originalmente y el resultado final?
Nosotros estábamos encasillados en un formato muy formal, cantábamos rígidos, a las justas reíamos. Era una cosa muy solemne. Fue una transición que la tuvimos que manejar. El resultado musical fue muy fresco.
¿Cómo fue recibido el disco?
El padre puso el disco en el colegio en unos parlantes enormes. Ese día firmé y firmé discos (ríe). La disquera FTA lo puso en las discotiendas. En el Canal 5 se promocionaba el disco así: “No se olviden de colaborar con el colegio Externado Santo Toribio”, y salía la portada. La disquera difundió el disco en las radios. Aquella Navidad subías al taxi y sonaba la música. Nos quedamos inmortalizados en esas canciones.
Y era apenas el inicio.
La disquera propuso hacer otro disco, pero de música infantil. El padre propuso unas canciones, entre ellas una de Cantinflas, quien hizo un tema para los niños, que se llamaba algo así como “Aún es tiempo que los niños sonrían”. Tomamos el inicio de la canción y la lanzamos como una respuesta. La incluimos en el disco. Había más frescura. Por añadidura vino una señora que es bailarina y ella le propuso gentilmente al padre que podía prepararnos para algún tipo de expresión corporal. Ella nos preparó y entramos en otra onda.
¿Cuál fue la cúspide de Los Toribianitos?
Con la Teletón del año 84. Grabamos la canción para Cantinflas y los de la disquera le entregaron el disco y él preguntó quiénes éramos... (se queda en silencio, se quiebra). Disculpe. Lo recuerdo porque el padre nos contó que Cantinflas lloró pues la canción le gustó. “Qué lindo cantan” fueron las palabras de Cantinflas. Y el padre nos dijo que teníamos que mejorar. “Estamos entrando en una situación en la que nos van a escuchar y ver”, advirtió el padre.
El padre tuvo visión.
Aprendí mucho de él. Es un hombre que no se ha cansado (tiene 87 años). Sigue llevando el coro con responsabilidad y es muy innovador. Entonces, para el 84 nos invitaron a la Teletón. Y era en vivo. Tuvo otro impacto. Vino la disquera Iempsa y pidió grabar otro disco. Nos propusieron hacer videos. Y se anunció la llegada del papa Juan Pablo II y querían armar un disco para él. En España lo estaban haciendo Parchís. Tuvimos que aprender latín para cantar el himno pontificio.
¿Llegaron a cantar para el Papa?
Sí y fuimos con el disco. Tenerlo cerca te enmudece y sorprende. Nos miró, nos hizo el gesto y quedó para la historia. Años después falleció Chabuca Granda y cantamos en su entierro. Polo Campos nos llevó a un especial para ella.
¡Qué época les tocó vivir!
Y la vivencia más fuerte para mí fue cantar en el Estadio Nacional. Es algo que siempre le cuento a mi hijo. Nos invitaron a un show navideño en el Nacional y era para cantar en vivo, sin playback. El estadio estaba lleno. Al comienzo dudé y me llené de aire, pero luego fluyó la situación. Tenía 12 años y me dije: si hice esto, qué más no podré hacer.
¿Por qué cree que pegaron Los Toribianitos?
Crecí escuchando a Los Niños Cantores de Chiclayo. Me llamaba la atención, pero sentía que había mucha formalidad. El padre ha sido muy permeable y osado. Pasamos de cantar rígido a terminar bailando. En la época que no estuve vino Juan Gabriel y se llevó al grupo fuera del Perú.
¿Y cómo así su hijo continúa la tradición?
Yo buscaba que haga la primera comunión. Busqué al padre en la iglesia San Lorenzo del Rímac. Nos reencontramos. Le pedí que prepare a mi hijo. Y me propuso que integre el coro. Le dije que lo pruebe y ya tiene cuatro meses en el coro. Pero le aconsejé: lo bonito son los conciertos, cantar, bailar, los aplausos, las felicitaciones. Pero está la puntualidad, la limpieza, la responsabilidad, aprender a cantar. Y lo más importante: te tiene que gustar.
¿Y le ha gustado?
Sí. Ahora están hasta con cuatro presentaciones al día. Vivimos en Lima Norte. Mi hijo llega a la 1 de la mañana a la casa.
¿Hoy Los Toribianitos símbolo de qué son?
De esa niñez que se atrevió a hacer algo más. Los Toribianitos es una tradición de la Navidad y de la música infantil.
La Navidad sin Los Toribianitos no sería Navidad.
Así como el panetón y el chocolate (ríe).
AUTOFICHA:
- “Soy Juan Carlos Calderón Romero. Nací en el Rímac, en el Jr. Virú, cerca del colegio Externado Santo Toribio. Tengo 49 años. Acabé el colegio y me quedé con una afección a la garganta por el canto. Estudié Psicología Clínica; cuando salí a trabajar, no había mucho campo, ahora sí”.
- “Hoy trabajo en un laboratorio farmacéutico. Pero nos ha quedado el oído musical y sé reconocer el buen canto y la música. Y ahora me toca la oportunidad de que Juan Manuel, mi hijo, esté en el coro. Y le enseño que tiene que manejar mucho el tema de los valores”.
- “Tengo dos hijas mayores, que también cantaron pero en los coros de sus colegios. A Juan Manuel, además, le gusta armar legos, por ahí me dijo que quería ser arquitecto. También le encanta la cocina. Pero ahora está con el canto y, a veces, lo veo agotado por el ritmo que tienen Los Toribianitos”.