“Han pasado 74 años y el proyecto (Majes Siguas) aún no se termina. Si eso no es ineficiencia o ineptitud, habrá que inventar un nuevo término para describir esta grosería”.
“Han pasado 74 años y el proyecto (Majes Siguas) aún no se termina. Si eso no es ineficiencia o ineptitud, habrá que inventar un nuevo término para describir esta grosería”.

Majes Siguas fue diseñado en 1946 en dos etapas: Majes I, ejecutada en los 80 y 90 con fondos públicos y que incorporó unas 26,000 hectáreas parceladas en minifundios que, mayoritariamente, siembran alfalfa en la hectárea más cara del Perú; y, Majes II (38,500 hectáreas), que está a medio camino.

Han pasado 74 años y el proyecto aún no se termina. Si eso no es ineficiencia o ineptitud, habrá que inventar un nuevo término para describir esta grosería.

Cobra, el concesionario de MS2, ante la inoperancia del Estado, invocará la resolución del contrato; frustrando una inversión de US$700 millones en el componente hídrico y otros US$700 millones en dos hidroeléctricas que ya cuentan con estudios aprobados. Y si sumamos los US$1,400 millones de Tía María, tenemos US$2,800 millones parados cuando el Perú y Arequipa más lo necesitan.

Discutir si la responsabilidad es del titubeante gobierno central, del inoperante y ausente Cáceres Llica o del concesionario es una exquisitez; tanto como valorizar las posibles millonarias inversiones en desarrollo agrícola, los más de 350,000 empleos que podrían generarse o tener nueva y eficiente generación eléctrica en el sur o un proyecto minero que no afecta el valle del Tambo.

A nuestros políticos, eso no les molesta; total, si faltan recursos públicos, ya sabemos de dónde saldrán: más impuestos para los ya exprimidos formales.

Queda en evidencia, una vez más, la ineptitud del Estado para promover inversión, y aún así hay quienes creen (especialmente, la IRA) que debe tener un mayor rol en la economía y más empresas estatales.


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