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Emma Cline es la chica de 28 años nacida en Texas que se ha convertido en un sorprendente y fulgurante cometa que cruza el firmamento de la literatura norteamericana actual. Prácticamente desconocida hasta hace unos meses, Cline se ha ganado el respeto y la admiración de personalidades como Richard Ford o Jennifer Egan gracias a su primera novela, la extraordinaria Las chicas, libro de altas ambiciones que se cumplen con creces. Personalmente, su lectura me ha resultado adictiva, apasionante y por momentos sobrecogedora. Como Ford ha apuntado, no deja de impresionar que esta sea la obra de una escritora tan joven y que haya alcanzado tal nivel literario y una mirada tan profunda sobre la esencia humana, sus aspiraciones y miserias.

A esto hay que sumar un desafío no desdeñable: tomar como punto de partida una historia de la que ya se ha escrito muchísimas veces. Me refiero a la del asesino Charles Manson, quien a finales de los años sesenta, en medio de la California de los hippies, el sexo libre, las sustancias sicodélicas y el apogeo del misticismo y el orientalismo, fundó en un ruinoso rancho una secta autodenominada La Familia del Amor, cuyos miembros una noche a mediados de 1969 asesinaron a la esposa embarazada del cineasta Roman Polanski y a tres personas más. Cline se inspira en este episodio para edificar una ficción en la que el protagonista no es el delirante y criminal santón, sino las chicas adolescentes que conformaban su estado mayor y que acabaron inmolando sus destinos en nombre de un líder mesiánico que invocaba a abandonar la vida esclavizante y vacía de la civilización por la promesa de un camino hacia la trascendencia y el amor.

Lo que podría ser una historia ligera y entretenida se convierte, gracias al talento y la pericia de Cline, en un complejo y rotundo mosaico en el que un lenguaje notable, pletórico de metáforas, imágenes deslumbrantes y alardes sensoriales se conjuga magistralmente con una exploración psicológica que modela unos poliédricos personajes femeninos de perturbadora inocencia, precaria emocionalidad y total orfandad frente a los hombres y un mundo despiadado que les niega un lugar en el que guarecerse.

La voz de estas muchachas está compendiada en la de la protagonista, la temerosa, airada e inteligente Evie Boyd, una púber que ante la perspectiva de vegetar de por vida en un pueblo conservador y rutinario decide seguir a Suzanne, una figura que la subyugará y con quien mantendrá una relación tan confusa como intensa que le enseñará las dulces y trágicas consecuencias de quienes se niegan a trasponer las puertas hacia la adultez y lo que los aguafiestas llaman el mundo real. Al final, Evie descubrirá que no hay vuelta atrás y que después de esa fallida experiencia mística y comunitaria no queda sino asumir una desolación y un miedo que nunca se borrarán; que luego de la tragedia y la brutalidad no hay alivio sino una resignación que está unida indisolublemente a una condición femenina que la convierte en constante víctima de todo lo que la rodea y de lo que aparece sin dar aviso, por el resto de sus días.

Las chicas va más allá de lo que prejuiciosamente se denomina literatura de mujeres, supera el membrete de novela contracultural, es más que una eficaz reconstrucción histórica desde la ficción: estamos ante un libro que se propone aprehender el desvalimiento y la resistencia humanos ante el tiempo y las circunstancias que nos obligan a definirnos de una vez y para siempre. Y lo consigue con insólito éxito.

PD: Si alguno de ustedes lee el libro de Emma Cline y acaba tan entusiasmado como yo y quiere ahondar en los sucesos reales que inspiran su novela, recomiendo la muy completa y fascinante biografía de Charles Manson escrita por Jeff Guinn. No tiene pierde.

Emma Cline

  • Las chicas
  • Anagrama, 2016. 336 pp.
  • Relación con la autora: ninguna.
  • Puntuación: 4.5/5 puntos.