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Fritz Du Bois, La opinión del directorEn la economía son fundamentales las expectativas: el consumidor aumentará su gasto si cree que las cosas seguirán mejorando, mientras que el empresario que esté optimista invertirá, ya que no va a dejar que le ganen el mercado. El boom de los centros comerciales que hoy reportamos es el ejemplo más claro de cómo se materializa ese entusiasmo.

Por otro lado, considerando que la crisis Europea tiene para rato, con lo cual nos seguirán alarmando a diario, uno asumiría que el Gobierno protegería a como dé lugar las expectativas internas para amortiguar el impacto de las malas noticias de afuera. Especialmente estando el crecimiento del próximo par de años condicionado a la recuperación del fuerte impulso que tenía el sector privado.

Sin embargo, lo que se está haciendo es, justamente, lo contrario. Anuncios apresurados como el del ministro de Agricultura, de que estaría "evaluando limitar la propiedad de la tierra en defensa de la pequeña producción" (¿?), no solo crean confusión, sino que se materializan en una costosa postergación de proyectos de inversión.

En realidad, nadie en su sano juicio va a invertir en un sector donde ya no existirá el derecho real y absoluto a la propiedad al estar el Gobierno a punto de violentar el marco legal con una absurda intervención.

Más aún tratándose de un sector que tiene heridas que todavía no han cicatrizado al haber sido íntegramente confiscado y sin que los afectados hayan sido compensados en una reforma agraria que fue un total fracaso.

Lamentablemente, pese al éxito en la exportación del mango o del espárrago, como resultado del retorno de la iniciativa privada luego de ser marginados durante más de 30 años –en los cuales pobreza fue lo único que se cosechó del agro–, el Gobierno parece querer repetir el plato equivocado. Es un baldazo de agua fría para el entusiasmo, que va a costar en menor inversión y en crecimiento bajo.