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Por: Fritz Du Bois, La opinión del directordirector@peru21.com

Por ello, los más radicales detrás del movimiento requerían generar una sensación de indignación para evitar que se logre alguna solución que destrabe Conga, cuando en realidad ellos solo quieren que el proyecto sea definitivamente enterrado.

Incluso, da la impresión que estuvieron tratando de que se produzca un 'mártir' entre los manifestantes como una manera de lograrlo. Más aun, en los últimos años, los proyectos que fueron objeto de algún violento rechazo que dejaron muertos entre los que se oponían al desarrollo minero, hoy están prácticamente condenados.

Así tenemos que Majaz o Río Blanco, un proyecto de envergadura en la sierra de Piura –cuyos promotores podrían escribir un manual de cómo un proyecto minero no debe de ser desarrollado– ha sido la causa de innumerables y sangrientos incidentes, por lo que lleva años de retraso.

Mientras en Arequipa, el proyecto Tía María, que estaba avanzando, ahora está estancado, ya que se empantanó en una mala decisión de reducir la inversión, retirando la planta de desalinización y, por eso, perdió el apoyo de la población. Todo lo cual derivó en una violenta y sangrienta manifestación. Hoy cada vez que se quiere reabrir el diálogo sacan ataúdes para recordar a los que murieron por su oposición.

Por lo tanto, el enfriar los ánimos suspendiendo el proyecto Conga, posiblemente con el objetivo de revisarlo y retornar con una propuesta ambiental mejorada que facilite su aceptación por parte de la población, nos parece que ha sido un paso adecuado.

Especialmente, considerando que lo que está en juego en esa zona no es uno sino cuatro proyectos mineros con diez mil millones de dólares de inversión, con lo cual beneficiarán no solo a los cajamarquinos sino a todos los peruanos.