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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Durante mucho tiempo EE.UU. era una tierra árida donde las buenas cosechas eran infrecuentes y el país se alimentaba del trabajo agrícola de los esclavos negros. Luego, la influencia de estos se trasladó del campo a la ciudad, y Richard Spikes inventó la transmisión automática para los automóviles; Joseph Gammel, el sistema de sobrealimentación para motores a combustión interna; Garret A. Morgan, los semáforos; Elbert Robinson, el tranvía; Charles Brooks, la barredora motorizada; John Love, el sacapuntas; William Purvis, la pluma fuente; Lee Burridge, la máquina de escribir; W. Lovette, una nueva prensa para hacer impresiones. Todos ellos eran negros, y como todos los de su color eran segregados y ninguneados. La lista sigue: William Barry inventó el sello manual; Phillip Downing, el buzón; Joseph Smith, la manguera de riego automático; John Burr, la cortadora de césped; Sarah Boone, la plancha; Walter Sammons, el peine; Lydia O. Newman, el cepillo para el pelo; Lloyd P. Ray, el recogedor de polvo; Thomas W. Stewart, el trapeador; George T. Samon, la secadora que acompaña a nuestras lavadoras; John Standard, el refrigerador; Alice Parker, la calefacción; Frederick Jones, el aire acondicionado; Lewis Howard Latimer, el filamento de los focos eléctricos; Charles Drew, la forma para preservar y almacenar sangre, que permitió la creación del primer banco de sangre del mundo. Podríamos agregar, para desmoralizar más el racismo de algunos blancos, los éxitos atléticos y esa cumbre moral llamada Nelson Mandela.