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"Vine para que hagan mierda a Tabaré Vázquez", dijo Pedro Bordaberry –candidato presidencial del Partido Colorado– a un dirigente del Partido Nacional luego de visitar la concentración nacionalista tras conocerse los resultados de las elecciones del domingo en Uruguay. Efectivamente, la oposición de derecha al gobierno del Frente Amplio deberá aliarse para intentar evitar una nueva gestión izquierdista. Sin embargo, el alto porcentaje alcanzado por Vázquez en primera vuelta (48% de los votos válidos) hace improbable una victoria del opositor Lacalle (31%) en el balotaje, aun sumando los votos del lengua suelta de Bordaberry (13%).

El domingo pasado, la izquierda latinoamericana obtuvo dos victorias electorales más (luego de la de Morales en Bolivia), hasta cierto punto sorprendentes. Tanto el Frente Amplio uruguayo como el PT brasileño no venían haciendo bien las cosas. En Uruguay, la inseguridad y la crisis educativa rebasaron las capacidades del gobierno de Mujica. En Brasil, la corrupción y los deficientes servicios estatales pusieron en duda la reelección de Rousseff. Sin embargo, votaron por la continuidad de ambas propuestas. ¿Por qué los latinoamericanos siguen favoreciendo a la izquierda, a pesar de sus serias deficiencias?

No creo que se deba a los programas sociales –frecuentemente de carácter clientelar– que administran dichas gestiones; es posible ganar sin recurrir a ellos (Chile). Más bien una constante es la incapacidad de la derecha de ofrecer alternativas atractivas: sigue anclada al pasado (Uruguay), no forma alternativas partidarias (Bolivia, Ecuador) o no sabe capitalizar los errores del rival (Brasil). Así, le seguirá siendo difícil "hacer mierda" a la izquierda.