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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Con el mismo rostro dramático, enmarcado en los cabellos sueltos que, según el gran Gabriel García Márquez, profundizan la sensación de dolor, habló con voz monocorde y sin alma de las múltiples villanías cometidas por la señora Villarán de la Puente, no por Susana. Hizo preguntas en tono de no pregunta y así fue como terminó su representación hasta que la invitaron a retirarse. Ya en la calle abandonó el personaje y habló como un ser humano normal, como lo hicieron todos los otros expositores del NO, con la excepción del teniente alcalde que adoptó, no sé si por personalidad o por contagio (neuronas espejo) de su hierática contrincante, una postura y una lectura igualmente gélida. Era una magnífica oportunidad para utilizar los múltiples recursos de los que la comunicación humana dispone para darle el tono empático imprescindible a lo que, en la primera parte, fue algo así como dos niños leyendo una composición sobre el tema: "La buena Susana o la mala señora Villarán".

Los actos siguientes de esto, que puede ser una tragedia griega real para la ciudad de Lima, estuvieron marcados por la ineptitud del grupo pro revocatoria que critica de ineficacia a la actual la alcaldesa, cuando ellos no tienen muñeca ni siquiera para organizar un equipo de cuatro personas. En otro canal de televisión, el Turbio Marco procuraba explicar, amontonando palabras, la causa de tantos dislates. Como siempre habló mucho, dijo poco y se enredó infantilmente cuando le solicitaron excusarse por su grosero ataque a las mujeres.