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Ha "aparecido" una centena de audios con conversaciones que incriminarían al ex presidente Humala y lo señalarían como el Capitán Carlos. Quienes patrocinan tales chuponeos aseguran que se realizaron bajo orden judicial, lo que los convierte en pruebas legítimas.

Pero incluso si las pruebas hubiesen sido obtenidas ilegalmente, su contenido no debería ser desestimado por la relevancia que tienen para el país. No puede pasar lo que sucedió con los petroaudios, cuyo contenido fue anulado por constituir prueba ilícita favoreciendo la impunidad. Y esperemos que tampoco suceda con las agendas aunque eso signifique que el Poder Judicial usa una vara distinta para medir dependiendo del símbolo partidario que uno lleve en la camiseta.

Montesinos filmó a todo el mundo y quienes lo sucedieron los chuponearon. Debe haber miles de horas de grabación de personas que ni nos imaginamos. ¿Quién las tiene y bajo qué criterio las hace públicas? Mi amigo y socio en Chicharrón de Prensa, Man Ray, dice que el fin del mundo llegará el día en que absolutamente todos los mensajes y llamadas secretas se hagan públicos. La proliferación del uso de aplicaciones como Telegram o Signal o de servicios de encriptación de llamadas sugiere que hemos normalizado tanto el que nos chuponeen que hasta bromeamos con ello. Resulta, sí, muy interesante que los audios hayan aparecido siete años tarde, cuando el caso Madre Mía ya estaba cerrado y justo cuando las iniciales AG aparecen en documentos de uso interno de la empresa Odebrecht. También es interesante que con "AG" reaparezcan rumores sobre algunos ministros de PPK.

Felizmente, la justicia y los medios nos podemos hacer cargo de más de un caso a la vez. ¿Cierto?

Algún Gordo, como Abelardo Gutiérrez, debe estar asustado.