notitle
notitle

Alfonso Grados,Opina.21agrados@infonegocio.net.pe

Si bien la derrota ante Argentina era previsible, el resultado no fue catastrófico. Incluso en algunos momentos del primer tiempo Perú se atrevió con un fútbol atildado y hasta vistoso, que complicó a la rudimentaria defensa albiceleste. Sin embargo, luego Argentina jugó a voluntad y pudo endilgarnos una goleada.

Es difícil aceptar que una Selección que hasta la fecha anterior mantenía alguna expectativa, se ve obligada a presentar un equipo tan improvisado. El argumento de que así se foguean los inexpertos en estas lides es erróneo. Los jóvenes se foguean insertándose en equipos armados, rodeados en su mayoría de experimentados que los 'protegen' y quitan presión. Más bien el quedar tan expuestos como ocurrió con nuestros bisoños zagueros, impide una evaluación objetiva y arroja pocas luces sobre su real potencial. ¿Qué rescatamos? El buen gol de Pizarro (¿su último con la blanquirroja?), un primer tiempo incisivo de Carrillo quien típicamente se escondió luego hasta ser cambiado, una aparición alentadora de Benavente y muy poco más.

En resumen, ni chicha ni limonada, digno corolario de una eliminatoria que encendió un sueño pero que se convirtió en pesadilla. Ni siquiera queda el consuelo de despedir al equipo ante Bolivia pues ese choque (que definiría al colero del torneo) se juega a puertas cerradas. Triste final a otra ilusión trunca.