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La revelación periodística de Cuarto poder sobre el irregular manejo de las finanzas de campaña del Partido Nacionalista (PNP) en el 2011 ajusta en la discusión técnica sobre las reformas electoral e institucional. En nuestra política informalizada, nada es más informal (y delictivo) que las administraciones de recursos financieros que desbordan con facilidad una regulación blanda y carente de sanciones efectivas. La "caja chica" (no tan pequeña en realidad) para gastos proselitistas es la gran "caja negra" de nuestra política "pre-OCDE".

El diagnóstico parece que no variará para el 2016. Los partidos que han accedido al poder bajo las vigentes "reglas de juego" (perdone la exageración) tienen incentivos para mantener el status quo. No hay mejor espíritu de cuerpo (del oficialismo y de la oposición) que los oídos sordos. Por otro lado, las bienintencionadas autoridades electorales apelan a una reforma "minimalista" y suficiente –en teoría– pensando ad hoc para la próxima campaña. Pero carecen de peso político (¡a pesar de la debilidad del Parlamento!), sus aliados en la "sociedad civil" son inocuos y sus técnicos no plantean consensos, sino que pontifican sus prejuicios. Por ejemplo, ¿qué garantiza que el financiamiento público frene la dinámica perversa de los "cajeros de campaña"? ¿No podría tener un efecto adverso, incrementando tal dinámica? ¿Realmente la "ventanilla única" prevendrá la penetración de finanzas de dudoso origen? ¿O será un boletín más del amarillismo mediático e intrascendente?

Estamos contra el reloj, por lo cual se requiere mayor perspicacia y no estrategias de Facebook. Espero que los promotores de la reforma no se contaminen de la mediocridad a la que ha llegado nuestra política.