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Por más de un año he escrito ininterrumpidamente de lunes a viernes en las páginas de este periódico. Cuando asumí el desafío de la columna "diaria", lo hice como oportunidad para contribuir al acercamiento entre la academia politológica –de donde provengo– y un público mayor no necesariamente al corriente de los debates sofisticados de nuestras ensimismadas élites intelectuales. Concibo la difusión como parte fundamental del ejercicio profesional y ese ánimo encontró una feliz coincidencia en el proyecto que, bajo la dirección de Juan José Garrido, desarrolla Perú21. Lamentablemente, nuevas políticas del consorcio empresarial al que pertenece este diario –a mi juicio, muy restrictivas– inhiben mi continuidad en estas páginas.

Escribir todos los días sobre política y sociedad ha sido un ejercicio gratificante que no ha estado libre de sesgos personales y desviaciones profesionales. Mi columna es de opinión y como tal se distancia de referentes absolutos como el "compromiso con la verdad" que anima a muchos periodistas. Mi aproximación a los hechos políticos y sociales ha procurado neutralizar mis antipatías y preferencias con evidencias empíricas o contra argumentos, aunque no siempre lo consiga. Mi norte ha sido la rigurosidad del método como sustento del pensar como acto público, el cual no se agota en una sola columna. Aunque haya defendido una posición con pasión, nunca he creído tener la última palabra en un debate. De hecho, estimado lector, dude de quien se presente como tal. Agradezco al equipo de Perú21 y a todos los lectores que han disfrutado, renegado, consentido o disentido con mis apreciaciones sobre la cotidianeidad de la realidad peruana. Estoy seguro que nos volveremos a ver.