Barnechea, Mendoza, Guzmán… y Antauro

“Resulta que el Perú está virando hacia una opción más centrista o centro izquierda, algo distinto a lo que sucedió en 2016, cuando la derecha terminó monopolizando la segunda vuelta”.

Antauro Humala no quiere cumplir la totalidad de su condena. (César Fajardo)
Augusto Rey
Augusto Rey

Si mañana fuesen las elecciones presidenciales, por los datos que arroja la encuesta de Datum publicada ayer, la dupla que disputaría la segunda vuelta probablemente saldría de Alfredo Barnechea, Verónika Mendoza y Julio Guzmán.

Una rápida conclusión es que, contrariamente a lo que varios proyectaron, resulta que el Perú está virando hacia una opción más centrista o centro izquierda, algo distinto a lo que sucedió en 2016, cuando la derecha terminó monopolizando la segunda vuelta. PPK y KF, representando a la derecha liberal y a la derecha conservadora, respectivamente, fueron hasta ese momento compañeros ideológicos en el ajedrez político peruano. No por gusto en 2011 consolidaron una alianza en la segunda vuelta.

Este giro de tendencias hacia el centro y la izquierda tiene mucho que ver con el fracaso del modelo “empresarial” de gobierno que quiso imponer PPK y el desplome del fujimorismo que todos estamos presenciando. Nada bueno salió de la victoria que ambos tuvieron en 2016. También hay un agotamiento del piloto automático en el que varios políticos añejos se han estancado, en forma y fondo. De hecho, resulta paradójico que Vizcarra, quien llegó a Palacio casi por azar, se esté consolidando como una figura audaz políticamente. Eso es lo que logra el contraste.

Pero hay más. Antauro Humala, desde la cárcel y aunque más relegado, aparece con 12% de aprobación, más que Santos, más que Keiko, más que su hermano Ollanta y mucho más que García, que arrastra un 90% de desaprobación. Agárrense. Esto demuestra que existe un espacio peligrosamente grande para un populismo descarriado, como el que Antauro está canalizando y que fácilmente podría terminar convocando a una buena tajada de los asqueados de la clase política vigente. ¡Todos de pie y con aplausos protocolares!

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