Julio Hevía, genio y figura de un profesor con calle

Apasionado del fútbol , catedrático riguroso e intelectual agudo, el psicoanalista limeño falleció ayer a los 65 años. En una misma cancha hacía jugar a Foucault y a los saberes populares. 

Julio Hevia

(Renzo Salazar / Perú 21)

Julio Hevia, profesor universitario, falleció ayer a los 65 años. (Renzo Salazar / Perú 21)

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Mijail Palacios

Después de la partida de mi madre y mi padre, no había sentido la muerte de esta forma. Los primeros me formaron para la vida. Julio Hevia me formó para ser comunicador, y ahora tener que escribir sobre él.

Agudo, crítico, inteligente, preciso, genuino, exigente, riguroso, divertido el profesor universitario Julio Hevia falleció ayer a los 65 años, tras permanecer internado en una clínica local luego de sufrir un repentino accidente cerebrovascular.

No recuerdo cuántos cursos llevé con Julio en la Universidad de Lima. Solo sé que los llevé todos. Con una maleta discreta, él llegaba vestido de pantalón rojo, con la camisa un poco abierta, la sonrisa de lado, entraba al salón ‘tasando’ a sus alumnos, como marcando quién es quién, con un andar de palomilla. Así ingresaba al aula, sin ínfulas de académico ni brillos de saberlo todo.

PROFESOR CON CALLE

Siempre instalado lejos del lugar común, en clase exigía sacarles la vuelta a las ideas, apropiarse de las reflexiones, hacerlas nuestras y llevarlas a otros terrenos. Sacarles la vuelta a los académicos de escritorio. “Esas son psicolojudeces”, señalaba sobre los análisis más elementales. Era un profesor con barrio. Un académico con calle. Un analista achorado. Su clase era como un jirón de saberes, por donde desfilaban pensadores como Foucault, Lacan, Goffman y Deleuze, pero también imaginarios de la cultura popular, fraseos urbanos. No le interesaba lo macro, sino las micropolíticas del día a día.

En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudió, le decían que no era confiable para la revolución porque se reía demasiado. “Me invitaban a las reuniones (políticas), pero no sé si por mi juventud o estilo de colocarme ante estas situaciones, me parecían una pérdida de tiempo”, confesó en la última entrevista que le hice en diciembre de 2017.

HABLA, JUGADOR

Además de catedrático y psicoanalista, fue un apasionado del fútbol e hincha de la ‘U’. Peloteaba de marcador de punta. Su referente era Nicolás Fuentes, por la calma con que jugaba y rigurosidad con que marcaba. Uno de sus recuerdos más entrañables fue haber campeonado invicto con el San Agustín, el colegio donde estudió. Pero se fue dando cuenta de que el “tallarín” no le beneficiaba. Problemas en la espalda lo alejaron de las canchas, pero no del fútbol.

Para Hevia, este deporte podía ser un pasaporte para lo más divertido y placentero de la infancia, y también un negador de diferencias sociales. Una escuela para los afectos, para la solidaridad y para cierta moral. El profesor encontraba en los 90 minutos de un partido una síntesis apretada de lo que es la existencia: competencia, envidia, presión, trampa, ley, reconocimiento, poder, réplica.

En aquella última entrevista que me concedió, a dos días de la última Navidad, aseveró que el día en que el Perú salga de este manejo de lo inmediato a una planificación más civilizada, “no nos va a parar nadie”.

Como escribió el crítico de cine Isaac León Frías, Hevia se ha ido “en su mejor momento profesional”. Realmente hemos perdido a uno de los intelectuales más lúcidos de este tiempo. Gracias, profesor.

Tenga en cuenta
- Julio Hevia ha publicado El limeño como estereotipo (1988), Pantallas, frecuencias y escenarios (1994), Lenguas y devenires en pugna (2002), ¡Habla, jugador! (2008) y Del dicho al hecho. Vigencia y desgaste del saber proverbial (2016).
- Para este año, tenía pendiente publicar un libro que ha sido fruto de tres años de investigación, que tenía el nombre tentativo de ‘La cultura oral. Comer, beber y hablar en el Perú’.

Voces se pronuncian en memoria del profesor Julio Hevia.
- Mávila Huertas: “Con el corazón destrozado me toca decirle adiós a mi profesor. Te vamos a extrañar y a necesitar muchísimo, maestro ilustre”.
- Lucho Quequezana: “Un amigo, un maestro, un guía, un genio. Los que pasamos por tus aulas sabemos que le debemos mucho a tu inteligencia”.
- Isaac León Frías: “Se va con él una inteligencia portentosa, una notable y poco común capacidad de unir lo académico con el saber popular”.
- Mabel Huertas: “Ha marcado la formación de muchos. De aquellos profesores que te abren el cerebro y, a su estilo, lo llenan de conocimiento”.

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