(Atoq Ramón)
(Atoq Ramón)

Lionel Igersheim ya habla español perfectamente. Sus ganas de aprender este idioma lo motivaron a salir de Francia hace diez años. No tenía más objetivos que sumar la lengua de Cervantes a su repertorio, en el cual ya se enumeraban el alemán y francés. Estudiaba Administración y Ciencias Políticas, así que aprovechó un intercambio universitario para aterrizar en Lima. Con 22 años jamás imaginó que el viaje le cambiaría la vida. Los seis meses pasaron volando. Lionel tuvo que volver a París para graduarse como licenciado en Administración y Ciencias Políticas. Pero, durante el vuelo, no hacía otra cosa que pensar en Lima, específicamente en Barranco, donde pasó sus días. La escena cultural del distrito lo atrapó e hizo que su regreso a tierras francesas fuera solo un trámite. Su lugar estaba aquí.

En principio, Lionel vino a buscar trabajo como administrador, era el título que llevaba bajo el brazo. Es así que logró un puesto en un banco. Sus días de oficina y terno comenzaron a compartirse con noches de conciertos en Lima. Poco a poco, este francés se fue enamorando de la oferta musical de la ciudad, en especial de la cumbia psicodélica, y de esa forma, gestó una idea que en breve daría a luz.

"En Lyon, mis padres me inculcaron la música. De niños nos llevaban al ballet, teatro, conciertos. El gusto por el arte viene de ellos. Uno va desarrollando sus gustos de forma propia, pero esa necesidad de cultura viene de mis padres", cuenta Lionel.

Para ese entonces, Oxapampa, en la zona central del Perú, se había convertido en su escape perfecto de los fines de semana. Alternó sus conciertos de fin de semana con viajes a esa zona de ceja de selva que encanta a la primera visita. Pero de pronto una idea lo embargó: ¿por qué no llevar esos conciertos de cumbia, ska, salsa y demás géneros a esos territorios verdes?

A LA SELVA NOS VAMOS"Por ser extranjero, no tenía mucha conciencia de lo centralizado que era el Perú en el tema cultural. Así nació el primer festival, sin darnos cuenta de que era tan difícil", cuenta Lionel sobre la primera edición del Festival de Artes y Música Selvámonos, la cual se llevó a cabo en 2009 y contó con la presencia de cinco bandas peruanas.

Las dificultades se encontraron en la logística. ¿Cómo armar un espectáculo a cerca de 2 mil metros de altura en un descampado verde? "Nadie del primer grupo de producción era un experto en organización de eventos, éramos solo amantes de la música. Eso sí, conocíamos muy bien la escena musical", cuenta. "Logramos trasladar todo lo necesario a Oxapampa, la gente local fue muy amable", recuerda.

El contacto con los artistas fue un poco más simple y así se ha mantenido hasta ahora. "Iba a contactar con ellos con una presentación del proyecto bajo el brazo, pero no era necesario. Desde un inicio estuvieron encantados con la idea", apunta.

Para Lionel, esa predisposición de los músicos se debe a dos cosas. A pesar del aumento de la movida musical en Lima, las bandas siempre cuentan con espacio en su agenda y los artistas que buscaban entendían el objetivo de Selvámonos: la descentralización de la cultura.

Y el festival se esforzó por ser una opción distinta. "Se trata de dar una experiencia total. No solo un concierto, sino un festival con artes plásticas, teatro, juegos, zonas donde la gente pueda moverse. No se trata de que vean un solo escenario durante diez horas seguidas", relata Lionel, quien hace un año decidió renunciar al banco donde laboraba para dedicarse de lleno a la producción del festival y a la representación de bandas peruanas en el extranjero.

Selvámonos se realizará este año por octava vez seguida, ahora como un festival consolidado en la escena local y continental. Desde el 2013, numerosas bandas de cumbia, reggae, ska, rock, blues y salsa han llegado a estas tierras selváticas para ofrecer lo mejor de su música. Lionel Igersheim, aparte de aprender español, también aprendió a bailar.

TAGS RELACIONADOS