notitle
notitle

Lucía de Althaus,Opina.21quererteatiperu21@gmail.com

Ana, de 25 años, inicia una terapia porque se siente incapaz de comprometerse emocionalmente con su pareja. Comenta que la separación de sus padres, a los 6 años, no le afectó en nada, puesto que resultó tener una familia más numerosa y dos casas. Luego de cinco meses, el hábil terapeuta logra conectar el dolor que le había producido la separación y Ana llora desconsoladamente, muy atemorizada por sentir aquella vulnerabilidad. Ella fue entendiendo que le cuesta un enorme esfuerzo conectarse con su fragilidad, pues la hace sentirse débil consigo misma y frente a los demás. Sin embargo, luego de aceptar su dolor y atreverse a vivirlo, se siente más fuerte y conectada emocionalmente que nunca. Como explica René Brown en su charla sobre "El poder de la vulnerabilidad", ser vulnerables no es signo de debilidad sino es vivir de una manera más completa. Implica sentir tanto amor como miedo, lo que permite una conexión real con nosotros mismos y con los demás. No criemos a nuestros hijos pretendiendo que sean perfectos. Mostrémosles nuestras propias vulnerabilidades para que crezcan sabiendo que atreverse a ser imperfectos es lo que nos hace humanos.