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Santiago Pedraglio,Opina.21spedraglio@peru21.com

¿Querrá el presidente Ollanta Humala tener la oportunidad de un "nuevo inicio"? ¿Será capaz de tomar decisiones que modifiquen su rumbo conservador?

Regalándole la ventaja del optimismo, la decisión de nombrar a monseñor Miguel Cabrejos y al sacerdote Gastón Garatea como facilitadores en el caso Conga podría ser una señal de esfuerzo por reubicarse en el espacio político, retornando a algo así como un centro político.

Porque queda claro que el trabajo de Cabrejos y Garatea, si se mantiene el apoyo político, significaría establecer un diálogo cuyos efectos definitivos (no necesariamente el Conga va) no se verán en menos de un año, tal como Garatea ha dicho. Además, hoy por hoy, exigiría la paralización de las obras que está avanzando Yanacocha. Así, el Gobierno habría tomado implícitamente la decisión de postergar el asunto.

Volver al centro político implicaría que otros temas prioritarios –educación, salud, transporte, seguridad, buen manejo de los conflictos sociales– recuperen espacio en la agenda presidencial y en la del primer ministro.

Es evidente que una imaginaria decisión de regresar al 28 de julio del 2011 tendría que traducirse en ajustes del gabinete ministerial. Sobre todo en la designación de un premier que, por su trayectoria y su estilo político, sea un hábil operador y tenga sólidas convicciones democráticas.

Probablemente sea la última oportunidad que tiene el presidente para romper su creciente aislamiento político y tratar de sintonizar con quienes votaron por él en la segunda vuelta, e incluso con los que, a pesar de no haber optado por Gana Perú, esperan que haga una buena gestión. De lo contrario, el camino que prioriza el autoritarismo y la cerrazón en un entorno adepto no hará sino confirmarse, aunque sea con otros rostros.