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Mauricio Mulder,Pido la palabraLa nueva ofensiva estratégica del remanente senderista, hoy potenciado como un frente narco-extorsionador, supone, por envergadura, nivel de acción y reacción, capacidad de fuego y dominio territorial, el inicio de una nueva etapa histórica de largo alcance, distinta a las emboscadas y acciones de zapa de entrar y salir con que nos tuvieron acostumbrados en los últimos 15 años.

No se trata ya de un grupo rebelde de la facción "proseguir" protegido por las cumbres y las nieblas del Vizcatán, sino de un frente guerrillero apertrechado por el narcotráfico y sustentado en reclutamientos forzosos de jóvenes adoctrinados y militarizados por varios años, verdaderos cuadros militares ignorantes de todo, menos de que son máquinas de matar.

Pueden anotar como victoria no haber sido aniquilados en su reducto del VRAE todos estos años. Los intentos estratégicos del Estado peruano nunca llegaron a ser ofensivas finales que destruyeran hasta la última célula viviente del monstruo. Desde mediados de 1998, el Estado fue 'aburguesándose' y relajándose en su lucha antiterrorista y estableciendo otras prioridades de actuación. Al disminuir la acción terrorista, tanto en frecuencia como en expansión geográfica, la seguridad ciudadana, la lucha contra el desempleo y las pugnas políticas cobraron más relevancia y posibilitaron el descuido del frente contrasubversivo.A ello contribuyeron también los organismos de DD.HH. como Aprodeh, los abogados especialistas en denunciar militares y policías, el discurso radicaloide de Humala y de la ultra aupada a su entorno desde el 2003-2006, la Comisión de la Verdad, el sistema interamericano de DD.HH., porque inocularon en la intelectualidad y en la juventud el virus del compasivismo violentista. Esto es, que los alzados en armas eran, en realidad, iguales a los que poseen las armas legítimamente y que, en el fondo, eran luchadores por cambiar impetuosa y violentamente las injusticias sociales. Mismos 'Ches' románticos.

Los terroristas empezaron a salir de las cárceles, y los militares y policías entraban en ellas en su reemplazo. De 5 mil condenados por terrorismo en el 2001 que había, hoy son 300. Para los "caviares", se trata de inocentes injustamente condenados, y así lo fue para el gobierno del señor Toledo y del señor Paniagua también, si tomamos en cuenta las decenas de resoluciones que se emitieron entonces borrando sus antecedentes y diciendo que tenían expedito su derecho a actuar en el fuero supranacional.

También contribuimos el resto de peruanos, que empezamos a ver hacia adelante y no les contamos a nuestros hijos lo que fue la insania terrorista. El crecimiento económico, que trajo consumismo y relajo en los jóvenes, que los puso frente a valores nuevos y culturas globales y que minimizó la realidad rural, permitió que se manejara un esquema de recuperación orgánica por parte del cartel Quispe Palomino, hoy en ofensiva.

De manera que el Estado debe poner todas sus fuerzas en alerta naranja. En estado prebélico de reacción inmediata. De recolocación y fortalecimiento urgente de bases contrasubversivas, desmontadas casi todas durante el toledismo, y del apertrechamiento inmediato de armamento y tecnología de punta. Deben otorgarse de inmediato créditos suplementarios para compras de emergencia, y debe establecerse un comando central de operaciones conducido por el jefe de Estado que combina los dos elementos esenciales para enfrentar esta ofensiva: es político y es militar. Justamente, como diría otro expresidente, "ese es su cau cau".