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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.co

El escrito se basa en testimonios recogidos en Grecia, Rumania y España, y allí se denuncia que personas que manifestaban pacíficamente contra las medidas de austeridad aprobadas en la UE recibieron golpes y patadas. Además fueron rociados con gas lacrimógeno y heridos por balas de goma. En el texto, Amnistía Internacional subraya que el abuso policial no es investigado. La escritora española Paloma Aznar, testigo de las represiones habidas, dice que "desde que comenzó la crisis, 23 personas han perdido un ojo en España por las balas de goma disparadas por los agentes antidisturbios de la Unidad de Intervención Policial y dos han muerto". Todos los casos de los que habla están archivados, no se han investigado y no hay ningún policía sancionado. El último muerto es Iñigo Cabacas, en Bilbao, el pasado mes de abril. Estuvo en coma durante 72 horas y murió por lesiones cerebrales tras recibir el impacto de una bala de goma. La agresión de Iñigo no se produjo en una manifestación. La policía vasca le disparó a la cabeza, durante alborotos callejeros, tras un partido de fútbol. Una mujer de 59 años, también vasca, llamada Rosa Zarra, falleció por una perforación intestinal provocada por una bala de goma. ¿Cuál es el límite de estas conductas represivas en una democracia? Imaginen si esto hubiera ocurrido en Venezuela cómo hubieran saltado nuestros demócratas de opereta. Violencia y doble moral, ciega para unos y vociferante para otros, es un nuevo capítulo de esta crisis que ha empobrecido Europa.