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Jimena Lindo, ActrizAutor: Gonzalo Pajaresgpajares@peru21.com

Estamos sentados en el escenario de La cura en Troya (de jueves a domingo en el CCPUCP, Camino Real 1075, San Isidro), poética obra donde actúa. Jimena Lindo se ve suelta, tranquila, relajada… y me habla mientras sostiene un cigarrillo eléctrico con la mano (de esos que no echan humo, que no tienen olor, que no se fuman).

¿Fumas?(Ríe). Ya llevo veinte años fumando. Intenté dejarlo dos veces: la primera, durante cuatro meses; la segunda, durante mi embarazo y la lactancia. Apenas dejé de lactar me provocó un pucho… y me lo fumé (risas). En realidad, ya me provocaba hace rato (ríe). Además, es mi único vicio. Mi cuerpo se ha vuelto muy sensible a cualquier sustancia que pueda elevar el nivel de energía.

¿Qué tal la maternidad?Linda, complicada. Tiene todos los flancos, es una de las cosas más valoradas… y está bien que sea así, pero eso muchas veces impide que las mujeres expresen sus miedos, su desgano, el cansancio, la exigencia que implica la maternidad.

Decir "estoy cansada" puede ser interpretado como "no quiero a mi hijo"…Así es, y es pésimo que sea así. Felizmente, desde hace algún tiempo se están alzando voces de mujeres que hablan de la maternidad como lo que es: un proceso hermoso y difícil a la vez. Gracias a estas voces no me he sentido culpable por las cosas que sentí.

Viviste algunos años fuera…Cinco, en España. Me fui porque siempre había querido conocer Europa, vivir en Barcelona. Mi novio era pintor y se ganó una beca. No lo pensé un minuto. Terminé lo que tenía que hacer y me fui a vivir un año sabático. Sí, un año sabático a los 24 años (ríe). Ese año se convirtió en cinco –pero siempre volvía a hacer algunos proyectos– y, así, cuando vine a promocionar la cinta La prueba, decidí quedarme pues sentí que había cumplido mi ciclo en España, que había sentido lo que tenía que sentir y que ya quería estar de nuevo con mi familia; que quería volver a trabajar como actriz y reconectarme con esa parte de mí. Dejé todas mis cosas en España… las recogí un año después: no dejé nada que me atara.

En España hiciste de todo…Sí. Estudié fotografía: era muy mala, no tengo el alma del fotógrafo, pero me interesaba tener un instrumento de trabajo que no fuese mi cuerpo; quería desligarme de la actuación y explorar otro tipo de herramientas. Al menos ya sé qué es la velocidad y el diafragma (ríe). También estudié en la Universidad de Barcelona, hice comerciales para la TV, trabajé de camarera, de modelo para pintores, hice teatro con unos amigos peruanos…

¿Fuiste una chica rebelde?He tenido mis episodios, cosas de la edad, nada graves. Me fui de casa a los 20 porque mis papás se separaron, vendieron su casa y asumieron que me iría a vivir sola (risas).

Eres 'Lindo'. ¿Te sientes 'linda'?Depende del día, depende de las etapas. Soy una chica normal: a veces me veo bien, pero nada deslumbrante. Mostrarse guapa e inteligente es algo que una siempre busca; no me interesa mostrar solo un lado de mí. Trato de ser lo más honesta posible conmigo, con mi trabajo. Trato de ser franca, de decir siempre la verdad.

¿En el teatro hay verdad o una representación de la verdad?El teatro es el espacio donde más honesto se tiene que ser, pues es un ejercicio hermoso de verdad constante y nada tiene que ver con la falsedad.

En el teatro te sientes mejor…El teatro es la cuna de los actores; en el teatro me siento en casa. El cine me encanta, me parece fascinante, me encanta ir a verlo, pero hacerlo me parece desconcertante, muy difícil. El cine es mágico al ver el producto final, pero su proceso no tiene tanta magia como el teatro.

¿Cómo te sientes en Mesa de noche?Me encanta, es un trabajo lindo; me divierto, la paso bien, y eso es un regalo. Es una ventana positiva hacia la cultura y el entretenimiento. Usamos un lenguaje cercano, dinámico, juvenil… Por eso la gente nos ve.

La cura en Troya es una obra poética…Ha sido una de las experiencias más positivas de mi vida porque Jorge Guerra es un director maravilloso, muy inspirador: nos dio miles de referencias –imágenes, música, películas– y aprendí muchísimo. Ha sido la primera obra en la que no quería que los ensayos se acabaran, no por temor al estreno, sino porque quería seguir investigando.

AUTOFICHA

- A los 14 años me fui de mi casa. La cólera me duró tres días. Volví. A los 23 me fui a vivir a España. Estuve casi cinco años. Volví porque ya había cumplido mi ciclo.

- Acabo de hacer una cinta donde soy la esposa de Giovanni Ciccia, quien es un policía. No he trabajado mucho con él, pero me encanta.

- La cura en Troya es como un cuento para niños, muy simple: un joven tiene que convencer a un guerrero que debe volver a Troya para ayudarles a ganar la guerra.