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Santiago Pedraglio,Opina.21spedraglio@peru21.com

A partir de esa premisa se proyectan dos posibilidades: el presidente opta por el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar Vidal (o una persona de similar perfil), o persiste con el esquema actual y coloca a alguien de su entorno íntimo, como el ministro de Transportes, Carlos Paredes.

Sin embargo, dado que el primer mandatario parece estar dispuesto a sacar Conga adelante cueste lo que cueste, lo más probable es que mantenga a Valdés en el cargo. ¿Para qué 'quemaría' a otro de su entorno? ¿O para qué intentaría mejorar el rostro de su gabinete si, a los cinco minutos, el nuevo premier de mejor estampa tendría que impartir las mismas órdenes de Valdés? Dicho de otra manera: sacar a Valdés y seguir con la estrategia de "la minería va como sea y cueste lo que cueste" es entregarle al siguiente premier el mismo futuro contaminado de ineptitud y autoritarismo.

¿Tendrá tiempo Valdés para cerrar el capítulo Conga antes del 28 de julio? Porque, a estas alturas, solo con esto resuelto –vía la suspensión de las actividades de la minera o la imposición del proyecto– sería comprensible su salida.

Otra posibilidad es que el presidente Humala comience a considerar que la polarización política y social se le puede ir de las manos, y que las arremetidas autoritarias le empiecen a parecer riesgosas. Si evalúa que el camino de confrontación impuesto desde diciembre hasta la fecha puede seguir debilitando su posición, quizá termine por morigerarse. En este hoy por hoy improbable caso, le sería útil un cambio de piezas en su gabinete.

El caso Conga invade la agenda gubernamental desde noviembre: de la solución que se logre dependerá en gran medida la imagen y el destino del Gobierno, porque hace rato que dejó de ser un conflicto estrictamente minero.