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Fritz Du Bois,La opinión del directorPresenciando el debate sobre el futuro de la administración de Susana Villarán, uno no puede dejar de pensar en las vueltas que da la vida o, mejor dicho, la política. Así, tenemos que los proponentes originales de las revocatorias, quienes las introdujeron a la legislación municipal durante el gobierno de Toledo, en esta ocasión se están rasgando las vestiduras considerando poco menos que diabólico el actual proceso. Incluso estiman que va a generar caos y que es un atentado contra la ciudad. Y hasta lo han comparado con un golpe de Estado.

Por lo que uno se pregunta en qué estaban pensando cuando propusieron el mecanismo. Seguro que con el usual cortoplacismo del político peruano se estuvieron imaginando cómo aplicarlo para sacar a un rival de un cargo y nunca se imaginaron que serían ellos mismos los perjudicados. De cualquier manera, al margen del resultado final de la consulta popular en marzo, es claro que el actual sistema de revocatorias tiene que ser modificado. En primer lugar, tiene que incluir a los parlamentarios, quienes son los que más requieren de la amenaza de ser sacados para lograr que cumplan con su trabajo.

Luego, se debe aumentar significativamente la valla del mínimo de firmas que son necesarias para que un proceso sea aprobado. En realidad, si bien se debe mantener el derecho a recurrir a una revocatoria, esta debería de ser el último recurso del ciudadano. Por ello, debería contar con el apoyo de una porción importante del electorado, lo que en la práctica lo llevaría a efectivizarse solo en casos extremos, cuando la población está desesperada y ya no tiene duda alguna de que se ha equivocado.

Por otro lado, se requieren gobiernos municipales que cuenten con un apoyo de ancha base para que puedan llevar a cabo un buen mandato. Para ello, sería fundamental introducir la segunda vuelta electoral si es que un candidato no logra el 40% de la votación. Obligando a los partidos a formar alianzas y, así, tener un programa de trabajo acordado antes de asumir el cargo. Tenemos demasiados alcaldes improvisados.

En lo que respecta a la revocatoria de Villarán, no se puede negar que el inicio de la recolección de firmas sirvió para sacarla de su letargo. El primer año de su gestión fue un gran fracaso, plagado de errores y culminando en el fiasco de descubrir, luego de un mal diseñado arenado, que en La Herradura había olas y todo el esfuerzo fue desperdiciado. Al final, el susto de la revocatoria la ha llevado a tomar mas en serio su función e iniciar reformas como el ordenamiento del tránsito y el traslado de La Parada. Si bien aún no las ha culminado, y en ambas han habido marchas y contramarchas, por lo menos está tratando de hacer algo. Ya veremos, en todo caso, qué decide el soberano en marzo.