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Mauricio Mulder,Pido la palabraCiertamente, un proceso de censura al ministro de Relaciones Exteriores es excesivo y, además, constituiría una pésima señal acerca de la forma en que los peruanos nos conducimos en materia de política exterior. No solo no lo creo conveniente, sino que, incluso, el mismo presidente de la República, que es quien por mandato constitucional conduce la política exterior, debe procurar mantenerlo lo más posible en el cargo, sea por la continuidad del proceso de La Haya, sea por no seguir empeorando nuestra imagen en el actual contexto internacional.Pero sí es menester reconstruir nuestras variables tradicionales en política exterior, para que todo este embrollo relativo a la frustrada visita del buque británico Montrose quede atrás y nos sirva de lección, porque sí se han cometido errores que no pueden volver a ocurrir.

Primero, nadie debe dudar en lo más mínimo de la permanente vocación latinoamericanista de nuestro país. Pese a ser el país más desmembrado de todos y del cual surgieron por lo menos otros dos, el Perú nunca buscó agredir a otra nación, y estuvo siempre en todos los intentos unionistas que, lamentablemente 200 años después de nuestras independencias, aún no cuaja. Ni Argentina ni nadie tiene asidero alguno para siquiera dudar de nuestra vocación continental y de nuestro compromiso, muchas veces no correspondido, con la causa de las Malvinas, el mar para Bolivia, la nacionalización del Canal de Panamá, el abusivo bloqueo contra Cuba, etc.

Segundo, nadie tiene derecho alguno, tampoco, a cuestionar nuestras decisiones de política exterior ni de nuestro sistema de defensa. El Perú no puede aceptar que nadie interprete que la presencia de un buque inglés supone menoscabo de nuestra posición latinoamericanista ni considerarlo un acto inamistoso. Y es también incorrecto que funcionarios peruanos supongan esa variable. De manera que si las cosas hubiesen quedado hasta lo que se determinó en la cita de Unasur, aunque estuviera un buque inglés en el Callao, nada habría pasado. Téngase en cuenta que, a diferencia de Chile, nosotros no necesitamos "hacer méritos" latinoamericanistas como ellos lo están haciendo en este momento.

Tercero, todo lo dicho no quita que de unidad continental tenemos muy poco. Muchos países latinoamericanos, por ejemplo, les exigen visa a los peruanos, pero no a los ingleses. Es más, los ingleses no necesitan visa para ningún país de nuestra región. Argentina no permite el ingreso de productos peruanos, Venezuela no paga a los exportadores peruanos, es más fácil y hay más frecuencias para ir a Miami que a Guatemala o a Asunción. No tenemos moneda común, defensa común, aranceles comunes, leyes concordadas, policía integrada. En la frontera peruano-chilena hay 20 mil minas.

O sea que, como buenos latinoamericanos, somos dados a las palabras y a los gestos, no a las realidades.

Toda mi vida política he sido, como buen discípulo de Haya de la Torre, indoamericanista. Me enfrasqué en la lucha política claramente en favor de los argentinos en 1982, en la Guerra de Las Malvinas, por ese objetivo soñado: la unidad continental. Luego aprendí que si no hubiese sido por Margaret Thatcher, los genocidas argentinos estarían hasta hoy en el poder y que, por lo tanto, la lucha por la democracia era parte de la lucha por la unidad de nuestra región, aunque ello suponga que la marcha sea más larga.