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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

La prensa no ha profundizado en el asunto pues no conviene a las empresas vinculadas a la industria nuclear y porque en Estados Unidos –tanto demócratas como republicanos– sostienen la necesidad de mantener esta fuente de energía a pesar de Chernóbil, de Fukushima y de una serie de accidentes menores que, juntos, constituyen una gran catástrofe.

Según Greenpeace, cada 7.5 años ha habido un accidente nuclear, y en el caso de Fukushima conocían los riesgos reales, pero hicieron caso omiso. Además, "los planes de emergencia nuclear y evacuación para la protección de las personas fracasaron totalmente, a pesar de que Japón es uno de los países mejor preparados para gestionar catástrofes y, finalmente, los contribuyentes pagarán la mayor parte de los costes". Japón es uno de los tres países en los que, por ley, el operador de la central nuclear es responsable de la totalidad de los costes de un desastre nuclear, pero los regímenes de responsabilidad e indemnización de la ley son insuficientes. Para sobrevivir, las personas afectadas han de buscar en sus propios recursos. Las cifras son dramáticas: evacuados: 150,000; suelo contaminado por sustancias radiactivas: 28 millones de metros cúbicos; costo total del desastre: de U$S520,000 a 650,000 millones (cerca del costo de la burbuja hipotecaria en EE.UU.). Es válido pensar que detrás de esta desgracia se agazapa el afán de lucro desmedido que esta sociedad ha escogido como su mayor valor de referencia.