notitle
notitle

Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Así tenemos que la falta de apertura a otros sectores y la agresividad verbal y física –tanto hacia medios de comunicación como hacia opositores– son todas señales de temor, de falta de confianza, de intolerancia. Lo peor es que esa intransigente actitud no le está redituando a Humala resultados ya que, en las últimas semanas, su gobierno ha ido de escándalo en escándalo, perdiendo en el camino apoyo del electorado.

Incluso, la intención de mantener las carteras del Interior y de Defensa entre gente de un entorno cada vez más pequeño le ha explotado. Ha sido, sin duda, una equivocación designar a un ministro prontuariado al cual le gusta disparar mientras está tomando y a otro que presenta títulos falsos. Al final, sigue arrastrando la crisis del VRAE por esos nombramientos tan inadecuados.

Por otro lado, con el inevitable cambio de gabinete que se viene, así como la próxima elección de la Mesa Directiva del Congreso, Humala tiene la gran oportunidad de abrir la cancha y de buscar la estabilidad de contar con un gobierno con una base más ancha.

Lamentablemente, parece que se va por el sendero contrario. La intención de su partido de tener a un extremista como Víctor Isla presidiendo el Congreso aseguraría otro periodo negro en la conducción del Parlamento, restándole credibilidad al Gobierno.

En realidad, si vemos para adelante, Perú goza de las fortalezas que cualquier ministro de Economía europeo daría lo que sea por tenerlas. Así, estamos ante una brillante oportunidad de atraer más inversión diferenciándonos. Lo cual, sumado al dinamismo de la demanda interna, debería asegurar que sigamos prosperando.

Sin embargo, tenemos un permanente ruido político distorsionando la realidad y dando una impresión exagerada de una situación convulsionada. Lo cual crea temor y pone un freno a la inversión, limitando el crecimiento que, en lugar de ser realmente alto, termina siendo únicamente adecuado.

Más aún, si consideramos que el principal riesgo hoy son los antimineros –que tienen muchos amigos entre sus propios partidarios–, Humala debería neutralizarlos buscando una mesa multipartidaria con todas las bancadas y excluyendo a los radicales en su campo, ya que estos solo buscan boicotearlo.

Pero el mandatario de todos los peruanos sigue actuando como un marginado, refugiándose en un grupo cerrado, el cual no solo es muy ineficiente en el manejo del Estado sino que, además, demuestra tolerancia cero al ser criticado. Al final, el rumbo que adopte Humala en las próximas semanas será determinante para relanzar su gobierno o para condenar su mandato a la mediocridad.