Surge por presión social
Surge por presión social

El uso de alcohol en menores se puede relacionar con dos situaciones ligadas entre sí. Por un lado está la presión social. Esta no solo se vincula con lo que el grupo etario exige. También depende de la sociedad adulta, que se caracteriza por su consumo excesivo de alcohol (pareciera ser cierto afianzamiento ritual de la personalidad y del carácter de la sociedad consumista a la que se integran). El alcohol serviría, además, para patentizar las amistades y fortalecer vínculos sociales más amplios, posibilitando recursos públicos a partir de lo privado –de vital importancia para fortalecer la autoestima–, aunque el modo de conseguirlo sea alarmante. Servirá, también, para excitar los cuerpos y avivar el deseo, facilitando el inicio sexual. A modo de anestesia, representará la carnada perfecta. A la larga, la confusión de las fiestas, la oscuridad de las discotecas o la clandestinidad de la calle facilitarán la intermediación del alcohol.