Foto: USI
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Es habitual que, en diciembre, muchos padres pongan el grito en el cielo tras ver la libreta escolar de sus hijos. Es habitual, pero no significa que sea saludable. De hecho, para evitar dichos escenarios tan tristes, hay que tomar medidas con anticipación. "Los padres no deben preocuparse recién cuando las papas queman", anota Rachael Silberman, psicóloga de la clínica Javier Prado. "En realidad, agosto ya es un poco tarde para reaccionar y actuar. Si bien se puede corregir el rumbo en ciertos casos, el monitoreo debería arrancar cuando los chicos entran al colegio, en marzo", agrega la especialista.

El hecho de estar pendientes no es sinónimo de obsesión o angustia. Al contrario, es una sana y necesaria medida. Pero, ojo, no hay que confundirse: los padres no tienen que hacer las tareas de sus hijos para que obtengan buenas notas o pasen de año. "Los papás deben ayudar, no asumir el rol de alumnos. También hay que tener cuidado con el exceso de confianza. Hasta el niño más aplicado requiere que lo supervisen con frecuencia. Confiar en ellos no es lo mismo que desinteresarse", anota Silberman. Dicho todo esto, solo queda recordar lo obvio: la idea es que los hijos estudien y aprendan.