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Fritz Du Bois,La opinión del directorDurante las próximas dos semanas, los peruanos escucharemos hasta el cansancio acerca de los argumentos que se expondrán en La Haya, y lo más probable es que cuando terminen los extensos alegatos nos sintamos un tanto empachados. En ese periodo tendremos a un sinnúmero de expertos, cada uno con un análisis detallado, y todos especularán con que se emitirán diferentes fallos. Felizmente que luego de la próxima quincena entraremos en un periodo de seis meses para que el tribunal elabore su resolución, tregua que debería permitirnos reflexionar y prepararnos para el resultado.

Mirando hacia atrás, la estrategia de Alan García de enfriar una corriente confrontacional que estaba entonces liderando, enviando el diferendo a La Haya –lo cual la gran mayoría consideramos que era lo adecuado–, terminó levantando el tema de un modo que no hubiéramos esperado. En primer lugar, la reacción chilena de considerar la acción como un acto de cuasi agresión de nuestra parte ha servido para que resurjan los nacionalismos en los extremos de ambos lados. Con ello, la tensión en la relación entre ambos países ha ido in crescendo, exactamente lo contrario a lo que se buscaba al llevar a la Corte Internacional el caso.

Mientras que la reciente decisión colombiana de denunciar el Pacto de Bogotá y retirarse del ámbito de La Haya abre la puerta a la pateada de tablero por parte del que se siente perjudicado por el fallo. Con ello, es posible que se llegue a una situación de tener a los dos países mirándose a los ojos y mostrando los dientes en los días inmediatamente posteriores a la resolución, cuando las consecuencias de ella se estén 'interpretando'. Así que, nuevamente, en el horizonte latinoamericano tenemos al fantasma del armamentista que muchos quisiéramos ver enterrado. Más aún, ya esta semana deben de estar aterrizando en Lima decenas de vendedores de armas, maletín en mano, tratando de ofrecernos alguna ganga que pueda ser entregada de inmediato para que, llegado junio, estemos preparados. Se van a incrementar las presiones para aumentar el gasto en Defensa en lugar de estar destinando esos recursos a aliviar la pobreza y a asegurar que se sostiene un crecimiento alto.

Por ello, creemos que, en los próximos meses, los peruanos debemos de tener claro que lo que realmente importa para desarrollarnos en el largo plazo es cerrar el último capítulo abierto que aún tenemos con respecto a las fronteras con nuestros vecinos. En ese momento consideramos que, al margen del fallo, nos sentiremos más ligeros, ya que dejaremos de arrastrar algo de lastre después de más de 100 años, lo cual nos permitirá dar un gran salto.

Así que tenemos que asegurar que estamos preparados para cualquier resultado. De esa manera, la decisión de ir a La Haya efectivamente sumará para el futuro de los peruanos, y no será una resta devolviéndonos al pasado.