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Santiago Pedraglio,Opina.21spedraglio@peru21.com

De 1994 al 2012 pasó de 1'774,000 a cerca de 2'300,000. La mayor parte se encuentra en la sierra (64%); luego en la selva (20%) y, finalmente, en la costa (16%).

Es muy probable que tal incremento esté reflejando la estructura productiva del país. Los productores del campo prefieren no abandonar del todo el mundo rural para instalarse en una ciudad. Dicho de otra manera, la estructura del empleo urbano nacional no les garantiza un empleo sostenible, y menos aún formal, sino que los insta a mantener produciendo sus parcelas para garantizarse un piso mínimo de ingresos.

De esta forma, en la práctica, miles de peruanos del campo tienen dos empleos. Así superan las limitaciones de absorción de la mano de obra en el ámbito urbano y palian los efectos de la economía informal. Es sintomático que tres de los departamentos con mayor actividad minera –Cajamarca, Áncash y Puno– registren el mayor crecimiento de unidades agropecuarias.

Esta mano de obra que "dobletea" laboralmente es una oportunidad para el desarrollo territorial y para la descentralización de sectores de la economía como la pequeña y la mediana industria, si simultáneamente se dota de infraestructura básica a las regiones: carreteras internas, energía.

Así, pues, en la vigencia de las pequeñas unidades productivas rurales no todo es negativo, como lo asegurarán algunos sectores que apuestan solo por las grandes empresas agroindustriales. Sin esos minifundios, miles de peruanos serían más pobres. Finalmente, ni la minería ni la agroindustria tienen capacidad para resolver los problemas laborales de millones de peruanos del campo. Peor aun, el Estado mantiene, desde hace muchos años, una terca y absurda negativa a la aplicación de una política de desarrollo de las pequeñas unidades agroproductivas.