notitle
notitle

Lucía de Althaus, Opina.21Los viajes familiares, aquellos que se hacen únicamente con la familia nuclear, son dulcemente agobiantes. Son de tal intensidad, que la intimidad y goce familiar conviven con el agotamiento. Todo empieza cuando planeamos el viaje, en donde la imaginación y la ilusión son protagonistas. En el aeropuerto, el bus o en el trayecto en el carro, la sobrexcitación de los niños ya es contagiante. Como hasta este momento todo debe ser positivo, es preferible elegir horas de salida diurnas, pues la falta de sueño puede convertir el viaje soñado en una pesadilla.Finalmente se llega al destino y en él emergen diversas emociones. Para los niños, tener a sus padres a su disposición para jugar, puede ser lo más cercano al paraíso. Pero para nosotros los adultos puede ser –valga la sinceridad- un poco agobiante. Sin embargo, son pocas las veces que la vorágine de la vida te permite hacer una verdadera pausa para escuchar, conversar y jugar con nuestros hijos. Y esta experiencia ambivalente nos la da.