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Lucía de Althaus,Opina.21quererteatiperu21@gmail.com

Por ejemplo, padres que quieren que su hijo deje el pañal sin que este haya dado señales de estar listo. Lo entrenan, pero al no estar preparado, se demora más o presenta una recaída a los seis meses, mojándolo todo a todas horas. O cuando los padres presionan para que su tímido hijo de dos años interactúe y preste sus juguetes a otros niños en el parque. En ambos casos, los padres están siguiendo más sus propias expectativas que a sus hijos, lo que, además de ser una bomba de tiempo para el niño, frustra a los mismos padres pues su hijo no responde exactamente como ellos desean, generándose una fricción. Hay que intentar dejar de lado nuestras expectativas y deseos respecto a cómo queremos que sean nuestros hijos, para empezar a escucharlos y seguirlos a ellos, respetando sus etapas de desarrollo y su personalidad. Así, la crianza fluirá mejor.