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Carmen González,Opina.21c.gonzalez@infonegocio.net.pe

La peruanidad está de fiesta, decían por la televisión.

Como soy aguafiestas, estos días me producen sentimientos ambivalentes: optimismo y frustración, y otra vez esperanza y así, interminablemente.

Frustración, al ver lejano un nuevo orden que evite el dolor de la miseria y del abandono de tantos peruanos.

Optimismo, al ver el espíritu fuerte de los migrantes y de sus descendientes: "Urbanizaron los arenales, las faldas de los cerros, el lecho del río Rímac, todo espacio vacío disponible ante la inoperancia y abandono del Gobierno para ofrecerles vivienda y servicios" (*), y ahora son exitosos, y porque hay muchos peruanos lúcidos que quieren cambios: saben que la pobreza y la miseria son resultado de voracidad –nacional e internacional– por el dinero, y que esto daña a todos, porque deshumaniza.

La peruanidad está gestándose y habrá un día en el que conjugaremos normalmente el pronombre "nosotros, que incluirá genuina y auténticamente a todas las sangres" (**).

Si tú nada haces por la patria, mejor no seas hipócrita emocionándote al cantar 'Contigo Perú'.

(*) Desborde popular y crisis del estado, José Matos Mar.(**) Ser peruano, Saúl Peña.