Foto: Nancy Dueñas.
Foto: Nancy Dueñas.

Carlos González,EmpresarioAutor: Gonzalo Pajaresgpajares@peru21.com

Hay personajes entrañables, cuya acción –con errores y aciertos– ha transformado el mundo. Uno de ellos es Carlos González, un limeño que ha hecho de la selva su hábitat y de su mitología su cotidianidad.

¿Tienes un pie en la realidad y otro en la fantasía?Creo que uno y medio está en la fantasía (ríe). La realidad no siempre es como uno quiere. En cambio, uno construye sus fantasías. Sin embargo, ahora que lo pienso, me he dedicado a transformar la realidad, a hacerla igual a mis sueños. Dime, ¿hay algo más bonito que eso? La realidad no me gusta, suele estar mal (ríe). Lago Lindo (precioso escenario natural con la selva y un lago como fondo, es el lugar donde esta conversación se desarrolla), por ejemplo, era un lugar donde había cientos de propietarios. Si bien el entorno era bello, cada quien hacía lo que quería, mataban la belleza. Me dediqué a comprar las propiedades de la zona –la mayoría deforestadas–, las reconstruí y hoy…

Has construido un Edén…Sí, pero sobre la base de lo que ya existía. Estas montañas no las hice, siempre estuvieron aquí, el hombre las destruyó y yo las recuperé.

Háblame de tu abuelo…Teobaldo González le devolvió la Amazonía al Perú. Llegó en 1899, cuando el coronel Vizcarra decidió independizarla y fundar la República Amazónica. Esta república fue reconocida por Brasil y Estados Unidos, pero mi abuelo venció al insurrecto en Moyobamba. Se quedó dos años de prefecto y de jefe político militar de Iquitos y Moyobamba. Luego fue senador por Madre de Dios, y en 1921 regresó como comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias de la rebelión de Cervantes. La acción de armas fracasó y huyó por el río Santiago hacia Ecuador, travesía que jamás un hombre blanco había hecho. Esa vocación de pionero la debo de haber heredado de él.

Llegaste acá en 1984…Soy abogado y administrador de empresas, y me vine porque aquí vi una forma más limpia de hacer fortuna. Me vine como agricultor porque pensé que el Perú le iba a dar su lugar a la agricultura. Acá me di cuenta de que la zona tenía un potencial turístico impresionante. Sin embargo, su imagen era la de un lugar donde imperaban el narcotráfico y el terrorismo. Yo fui optimista porque sabía que estos males iban a desaparecer. Y, como todos se iban, era un buen momento para comprar.

En un problema viste una oportunidad…Así es. Me instalé en Yurimaguas. Puerto Palmeras, que está en Tarapoto, era el lugar de tránsito hacia Yurimaguas, pero fue creciendo por varias razones, una de ellas, la necesidad de cuidar mi propiedad del terrorismo, y qué mejor que cuidarla que teniendo gente trabajando. Por eso, mi hotel está hecho a mano, porque lo que más empleábamos era mano de obra. Y estos empleados se preocupaban de que el terrorismo no me afectase. Ellos eran quienes me cuidaban.

Y así empezaste a mimetizarte con la gente de la selva…No tenía con quién estar, ellos se transformaron en mi familia, en mis amigos; los que me hacían reír, los que me veían llorar. Para encontrarle explicación a lo que aquí pasa, debo pensar como ellos. Acá todos somos seres mitológicos.

Hombre, tú has creado tu propia divinidad…Le fuemos aumenta'o (nos dice, riendo, en tono selvático). Sí, pues, he creado a Tomasito, el cuchiniño de Lamas, quien tiene fieles, procesión y hermandad de cargadores (Carlos decidió hacer 'santo' a Tomás, un rechoncho niño de Lamas que hoy tiene más de 30 años y cientos de fieles) y hasta hace milagros (ríe).

¿Quiénes integran su hermandad de cargadores?Jaime de Althaus, Mariella Balbi, Álvaro Rocha, Mariano Prado, y hay muchos que se mueren por integrarse (ríe).

Eres, además, un magnífico creador de ficciones…Que parecen reales, ¿no? Allí ordeno el mundo, pues, lo explico, lo comprendo. Y, créeme, su intención principal es promover el turismo, la inversión, la empresa, y todo a través del humor, de la difusión cultural, pues están escritas siguiendo los usos y giros verbales de la selva.

Eres amigo de presidentes, de escritores, de artistas…No sé si soy su amigo, digamos que soy su conocido (risas). Yo no soy ayayero de nadie. Por eso, creo que deben escucharme, porque nunca les digo las cosas con mala leche.

¿Ves con optimismo el futuro de la selva?Hay algunos cabes, pero la zona es tan grande y tan generosa que el progreso va a llegar. Por eso, no estoy a favor de las exoneraciones tributarias sino de los incentivos, porque es una vergüenza que nosotros podamos comprar cosas producidas en Estados Unidos, pero no las que se hacen en nuestra sierra o en nuestra selva. No debemos tener ventajas para comprar cosas, sino para producirlas.

AUTOFICHA

- Lago Lindo es un paraíso. Todo proviene de la zona: el chocolate, las frutas, los vegetales. Y me seguiré resistiendo a poner una TV, hay que conocer el paraíso.

- Tengo dos hijos. Uno de ellos es Rodrigo González, 'Peluchín'. Antes, él era el hijo del cacique; ahora yo soy el papá de 'Peluchín' (risas).

- Los mitos selváticos surgen como una necesidad de sobrevivencia, de perdón, de salvar el honor. Aquí, historias como las de Cien años de soledad se viven día a día.