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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Señala que "los países ricos tienen como promedio cinco veces más impacto que los menos desarrollados; no obstante, el mayor declive en biodiversidad lo sufren los países pobres".

América Latina debería considerar que la historia del "progreso" y el "desarrollo" en esta parte del mundo a partir del siglo XVI, con su carga de explotación, genocidio y depredación, es también la historia de territorios y pueblos que fueron incorporados muy pronto a las necesidades del capitalismo de los países desarrollados. Ello modificó el paisaje natural y orientó las relaciones naturaleza-sociedad en función de aquellas demandas. Otro tema es que "en el desafío de proponer un desarrollo alternativo debemos buscar puntos de ruptura con el lastre de ese pasado que nos marca y, al mismo tiempo, apuntar a la construcción de una sociedad y una cultura nuevas sobre la base de principios y acuerdos sociales que superen el carácter depredador propio de las utopías modernas".

De insistir en el rumbo actual (hoy se sabe que utilizamos más del 50% de los recursos que la Tierra puede generar y regenerar en forma natural y sostenible), nos aproximaremos a la imagen de los competidores que "están sentados cada uno sobre la rama de un árbol, cortándola", agrega el informe. Optamos por un cambio que garantice la continuidad de la vida o cavamos nuestra tumba.