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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

El motivo de ello es la ineficiencia del Estado, sumada a las crecientes prácticas restrictivas que han impuesto los sindicatos. Como resultado, la calidad del gasto público en salud es paupérrimo –basta con leer el alarmante informe de la Contraloría que hoy publicamos– y es cada vez menor la atención efectiva que brindan los médicos.

Incluso, los contados intentos por reformar el sector que se hicieron en los últimos 20 años fueron neutralizados. Primero tuvimos los CLAS, centros de salud administrados por la comunidad, que lograron mejorar significativamente la atención al tener a los usuarios a cargo. Hasta que los médicos, que eran contratados, ingresaron a la planilla pública al ser nombrados. En ese momento, la productividad cayó a la mitad debido a que, al haber logrado la estabilidad, ya no tenían motivo para esforzarse.

Luego vino la Ley de Universalización de la Seguridad Social que, pese a la innecesaria complejidad de la norma, conceptualmente era el camino adecuado para introducir competencia entre las diversas instituciones de salud del Estado y el sector privado, pero se quedó sin implementar. Es poco probable que la quiera resucitar un gobierno que no cree en los mecanismos de mercado.

Así que la actual situación, con hospitales que se caen a pedazos y médicos que no están trabajando, en realidad no es nada nuevo para la inmensa mayoría de peruanos acostumbrados al total abandono por parte del Estado.

Lamentablemente, al igual que en educación, es difícil pensar que, en salud, la situación pueda mejorar mientras se ceda ante los sindicatos y se retroceda en lo poco que se había avanzado.