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Fritz Du Bois, La opinión del directorPara una persona que es "de izquierda hasta el forro", Susana Villarán no es muy inclinada a la planificación. Parece ir por la vida sorprendida, sin estar preparada, anda como asombrada y siempre termina tropezada. Así, tenemos que en La Herradura no esperaba que hubiera olas en el mar, y tampoco se le ocurrió que los limeños quisieran transitar por la Costa Verde en verano. Ahora está impresionada de que, en diciembre, el caudal del río Rímac haya aumentado. Una lástima que, pese a la revocatoria, el nivel de improvisación en la municipalidad no haya variado.

Más aún, Humala se acercó preocupado a conocer los problemas del Parque Rímac, pero los funcionarios municipales ya se habían retirado y solo encontró a un regidor de la oposición para que le informara sobre lo que había pasado. La administración de Villarán siempre parece estar en otro lado.

Por otra parte, es claro que la alcaldesa está esperanzada en que serán sus amistades en los medios y en la farándula las que evitarán que su mandato sea revocado, pues no está haciendo ningún esfuerzo para dar la impresión de que su gestión está mejorando. Incluso, cuando hacen algo que sí amerita ser resaltado, como entregar en concesión la ampliación del zanjón hasta la Panamericana Sur –lo que hace 40 años estamos esperando–, inmediatamente meten la pata, como la falta de previsión en las obras en el río, y el efecto positivo es desperdiciado.

Además, en momentos en los que se le exige más obras, aprueba un presupuesto con un aumento en las planillas y una reducción en la inversión, exactamente lo contrario a lo que el pueblo le está demandando. Dicen que una semana en política es una eternidad, y a Villarán le quedan doce antes de enfrentar al soberano. Por lo que tiene el tiempo necesario para convencer al electorado, pero, sin duda, deberá cambiar radicalmente de actitud para tener siquiera la esperanza de lograrlo.