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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Un reciente ejemplo lo tuvimos con el viaje a Cuba de la líder chilena Camila Vallejo, quien es la figura emblemática de la lucha estudiantil en su país exigiendo que la educación pública sea reformada.

Incluso, durante el año de protestas, ella las estuvo liderando en todo momento, cuestionando al sistema con mucha elocuencia, saliendo al frente en los medios de comunicación y usándolos para dar a conocer su posición. Se convirtió en el símbolo de los jóvenes que buscan el cambio e introdujo un refrescante radicalismo al escenario político chileno al margen de si es o no correcto lo que están reclamando.

Sin embargo, esta moderna versión de La Pasionaria se fue de paseo al parque jurásico y se contagió de los dinosaurios.

Así tenemos que a esta joven revolucionaria no parece llamarle la atención que el promedio de edad de los dirigentes castristas sea de 72 años, ni ha protestado porque no exista libertad de expresión, ni tampoco parece haberle molestado que los jóvenes no puedan dar a conocer su opinión. Lo peor es que no le ha importado que los que protestan –como hace ella– tienden a desaparecer con frecuencia o son encarcelados.

Lamentablemente, ha demostrado la hipocresía de los que son prisioneros de alguna ideología. Lo más triste del caso es que desaprovechó la histórica oportunidad de darle un efusivo abrazo, con juvenil indignación, a Yoani Sánchez, quien lidera a los jóvenes disidentes cubanos y quien es continuamente hostigada por el régimen de Castro.

Una lástima, cuando la revolucionaria en Santiago viaja a La Habana y se convierte en reaccionaria, parece que poco ha cambiado en la región. Para la verdadera modernización tendremos, entonces, que esperar a otra generación.