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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Si a esa cifra le agregamos, como colofón del horror desatado, que el número de veteranos que se suicida ha superado ya los 18 diarios, podemos colegir que el absurdo y brutal ataque a las Torres Gemelas está arrojando resultados que no son nada absurdos para los cada vez más numerosos enemigos de la superpotencia y que, eventualmente, podrían invitar a nuevas aventuras de esta naturaleza. Si sé que mi enemigo va a reaccionar en tono de histeria mayor, como lo hicieron Bush y sus compinches, la lógica, sobre todo entre fundamentalistas para quienes la muerte es solo un tránsito al paraíso, es seguir irritando a este gigante con comportamientos de adolescente paranoico. El hecho se agrava pues el inmenso poder militar gringo ha creado una ficción de éxito que nunca tiene el correlato esperado en la realidad. Vietnam, Irak y Afganistán son tres ejemplos monumentales de que las armas más poderosas te acercan más a genocidios incalificables que a victorias que contribuyan a construir un mundo más seguro y democrático. Por supuesto que Obama y Romney, en plena campaña electoral, no pueden emplear esta lógica elemental para ganar votos de sus conciudadanos. Demasiados años viviendo convencidos de que su país tiene el destino de salvar a la humanidad embrutece tanto o más que las injustificables y atroces guerras que ha desatado.