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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Viendo a Hugo Blanco, a la gente del PUM y a los líderes de los grupos campesinos que organizaban violentas tomas de tierras a mediados de los setenta, uno se transporta al pasado. Lo más desagradable del caso es que regresa esa incómoda sensación de incertidumbre con la que vivíamos entonces, era un país tan convulsionado.

Por otro lado, lo peor de ese periodo no fue solo el daño causado por las políticas trasnochadas de Velasco sino que además su demagogia infló expectativas en algunos y la frustración de su fracaso propició el sangriento surgimiento de Sendero. Al final, entre un monstruo y el otro, los peruanos sufrimos de un cuarto de siglo de espanto.

Sin embargo, pese a que aún estamos a la mitad del camino para recuperar el tiempo perdido, los dinosaurios de ese periodo, que asumíamos enterrados, están reapareciendo y tratando de que cometamos los mismos brutales errores que hace 43 años.

Es por ello inexplicable que cuando deberíamos estar mirando al futuro con entusiasmo para concretar el enorme potencial que tenemos para el desarrollo moderno del agro, el ministro de Agricultura tenga como asesor a uno de esos personajes anacrónicos y nefastos, que aparecen en la foto, quien está planteando volver a limitar la propiedad de la tierra en el campo.

Lo peor es que si le hacen caso y promulgan ese mamarracho, el asunto no habrá terminado. Al contrario, recién estaría empezando ya que la misma gente luego volverá buscando reducir el tamaño máximo autorizado, así como imponerle otras restricciones al empresariado. Es que el que no cree en la propiedad, ni en la libertad y menos en el mercado difícilmente se va a sentir satisfecho con haber logrado solo un atentado contra el sector privado. Así que si los incitan con los límites como puntita, regresarán, sin duda alguna, a violarlos.