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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

En Venezuela ha derrochado los recursos de la empresa PDVSA para financiar programas altamente subsidiados y dirigidos al sector de la población que lo sigue apoyando.

Mientras que, en el exterior, el crudo siempre ha sido su carta de presentación, ofreciéndolo a precio de regalo a países caribeños y centroamericanos. Asimismo, ha sido el tema que lo unió a sus asociados. Aunque Saddam Hussein y Gadafi ya se fueron, todavía le queda Ahmadinejad, de Irán, que quiere desaparecer a Israel y, por eso, desarrolla capacidad nuclear. Un club realmente criminal.

En todo caso, no es sorpresa que, dentro de esta diplomacia petrolera, Chávez se haya enterado de las ambiciones de algunos funcionarios que quieren convertir nuevamente a Petroperú en un pulpo que en todo está involucrado y, por eso, se ha apuntado para ayudarlos.

Incluso, no tenemos duda de que el acuerdo energético que han firmado no es para que esta última empresa –que no tiene capacidad siquiera para explorar un pozo en nuestra selva– invierta en la faja del Orinoco. Eso que se lo compre otro. El objetivo real es hacer ingresar a PDVSA por la puerta falsa al sector público peruano para que, así, el gobernante bolivariano logre tener influencia en nuestro país.

Más aún, PDVSA no es un gran modelo empresarial, sino todo lo contrario. Chávez no solo la ha drenado de capital en estos años, sino que la ha politizado. En 2003, cuando la oposición trató de organizar una protesta, despidió a todos los técnicos y los reemplazó con sus allegados. Como consecuencia, los volúmenes de exportación de crudo venezolano se vienen deteriorando consistentemente. En verdad, con esos antecedentes no tiene ninguna lógica el asociarnos, salvo que haya gato encerrado.