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Lucía de Althaus,Opina.21quererteatiperu21@gmail.com

Pero el drama ha ido avanzando y me he dado cuenta de que en cada despedida matutina llamo a mi esposo y le digo con angustia: "¡Pobrecita! Esta vez volvió a llorar". ¿Pobrecita? Mi hija no tiene 2 años, sino casi 5, y demuestra que lo pasa muy bien cuando, al recogerla, sale con una sonrisa contándome todo lo que ha hecho en mi ausencia. ¿No serán mis propios recuerdos angustiantes sobre el colegio que la invaden y me hacen verla como una víctima? Dejar que nuestros hijos experimenten un poco de angustia en estas situaciones no los hace pobrecitos, sino los fortalece. Ahora que la he 'limpiado' de mis proyecciones y me despido con un firme "vas a estar bien", ella ha tenido que encontrar sus propios recursos para sobrepasar ese miedo inicial, aprendizaje que le servirá en las difíciles situaciones de la vida.