Foto: Rafael Cornejo.
Foto: Rafael Cornejo.

Ángela Villón,Trabajadora sexualAutor: Sofía Pichihuaspichihua@peru21.com

Ingresó al mundo de la prostitución por necesidad y decidió quedarse por propia voluntad. La presidenta del Movimiento de Trabajadoras Sexuales del Perú publicará en marzo un libro sobre sus incontables experiencias.

¿Por qué escogiste ser una trabajadora sexual?Cuando tenía 17 años, mi bebe, de un mes y medio, enfermó. Su papá, un cobrador de combi que me llevaba más de 23 años, nunca se hizo cargo de él. No tenía otra opción. Me olvidé de Dios al pisar el prostíbulo Cinco y Medio.

¿Tu familia no te ayudó?Escapé de mi casa antes de que mi padre se enterara de que estaba embarazada. Él era capaz de hacerme abortar a golpes.

Tu autoestima estaba por los suelos…Sí, y confié en el primero que se me acercó. No tenía experiencia, era una niña. Luego trabajé de nana en la casa de una amiga bailarina. Cuando mi bebe tuvo problemas en el estómago, le pedí ayuda. En ese momento me contó que, en realidad, era una prostituta.

No te echaste para atrás…No podía. Mi hijo se moría. Me consolaba diciendo que los hombres que venían a "comprar mi cuerpo" –antes hablaba de esa forma, ya no– cometían doble pecado.

¿Crees en Dios?Me he reconciliado con Dios, pero no creo en la religión.

¿El trabajo sexual no fue una alternativa temporal?Eso pensaba, pero entre todos los trabajos que hice, el que más me gustó y se acomodó a mi ritmo de vida fue el de prostituta. Tenía dinero para dar de comer a mi hijo y para estudiar. Recién a los 19 años terminé la secundaria.

¿Qué fue lo primero que viste al entrar al prostíbulo?Fue un shock. Yo nunca había visto un pene. Cuando estuve con el papá de mi hijo, él apagó las luces y todo ocurrió bajo la sábana. Al entrar al burdel, encontré a mujeres desnudas, con el calzón en el trasero. Lo veía grosero, vulgar.

¿Cómo te vestías?No hice lo mismo. Siempre usaba minifalda y un escote. La 'mami' me pidió un nombre de trabajo. Me acordé de una vecinita antipática y le respondí: "Me voy a llamar Jennifer". Luego pensaba: "Ahora esa tendrá nombre de puta" (risas).

¿Siempre te han llamado así?No, solo hasta cuando me acepté. Me di cuenta que no tenía que renunciar a mi identidad porque ser trabajadora sexual es mi derecho, mi trabajo. Si cobro o lo hago gratis no es problema de la Iglesia, de la municipalidad ni de nadie.

¿Cómo fue que llegaste a esa conclusión?Cuando comencé en el activismo, en el 2000. Yo dejé el Cinco y Medio porque había mucha explotación. Trabajaba en la Carretera Central. El dueño se enojó y la Policía hacía operativos en la calle. Un alférez me golpeó. Mis piernas terminaron destrozadas. Nunca había pasado tanta humillación. Me sentí más chiquita que un microbio.

¿Lo denunciaste?La encargada de la Auditoría Interna de la Policía sacó 25 soles de su cartera para que el médico legista pudiera revisarme. Estuve 15 días sin moverme.

¿Fue sancionado?El alférez me rogó para que quitara la denuncia porque no lo iban a ascender. Me negué y lo castigaron. "¿Cómo se te ocurre? Nosotros somos putas, solo la gente decente puede denunciar", me decían mis amigas. "Pero yo soy una puta decente", les respondí porque yo no hago daño a nadie.

¿Recibiste amenazas?Sí, pero fue por otra denuncia. Le conté a un general que sus subordinados cobraban cupos. Era una mafia. Me dispararon dos veces y me salvé. Tuve que esconderme en provincias durante dos años.

Luego creaste una agrupaciónEn el 2002 fundé Miluska, Vida y Dignidad. En el 2009, varias organizaciones formaron el Movimiento de Trabajadoras Sexuales del Perú. Me eligieron como su presidenta y viajo a eventos y capacitaciones.

Y también participaste en las reuniones que organizó la Municipalidad de Lima…Sí. Esperamos que estas se retomen porque aún no se ha decidido nada. No queremos una 'zona rosa' lejos de la ciudad. Se requieren 'zonas de trabajo' en varios lugares. Pero antes se debe reconocer el trabajo sexual.

¿Hace cuánto que no ofreces servicios sexuales?Hace 15 años, cuando nació mi cuarto hijo. Aunque puedo regresar para ayudar a mis amigas. Hace dos años hice una convocatoria por un día. Terminé inflamada (risas). Aunque ya no lo ejerza, eso no significa que deje ser una profesional del sexo.

¿Tienes pareja?Suelo estar sola. Si un hombre se enamora de mi, entra en conflicto porque no acepta que haya ofrecido servicios sexuales.

AUTOFICHA

- Mi padre es la persona que más daño me hizo, le tenía miedo cuando era niña. Tuve que seguir un tratamiento psicológico después de sufrir tanta violencia.

- Me escapé a los 17 años de mi casa porque salí embarazada. Siendo menor de edad, decidí convertirme en trabajadora sexual.

- Tengo una excelente relación con mis cuatro hijos. Vivo con el menor, de 15 años. Cuando entré al activismo, les conté que era una trabajadora sexual. Ello me apoyan.