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Mónica Delta,Opina.21mdelta@peru21.com

No hay que ser pitonisa para estar convencidos de que puede ocurrir, tarde o temprano. Tras el último terremoto en México, muchos nos preguntamos cómo esa intensidad no produjo la muerte de ningún mexicano. Ellos aprendieron la lección en 1985, luego de llorar a miles de sus seres queridos. Nosotros aún estamos muy lejos de aprender. Si no, veamos Ica, que aún no se repone del ocurrido en 2007.

Japón y México han implementado una red de 800 estaciones satelitales. Cuando ocurre el sismo, la información de las primeras 4 estaciones permite ubicar el epicentro, y esa información se envía por satélite a celulares, radio y TV, de tal manera que las personas que se encuentran a distancias mayores a 100 km del movimiento toman conocimiento. Esto, al menos, te da tiempo para ponerte a buen recaudo. Cuanto más alejado estés del terremoto, tendrás más tiempo para reaccionar y, a la vez, sentir menos el efecto del mismo. ¿Con qué contamos en el Perú? A finales de 2010, el Gobierno otorgó fondos y en mayo 2011 se puso en operatividad la red sísmica satelital compuesta por 7 estaciones. En mayo de ese año se incrementó a 14 estaciones. Con esta red estamos en condiciones de dar reportes sísmicos en tiempo mínimo, pero siempre después de ocurrido el evento. Es decir, el Estado aún no invierte lo suficiente para minimizar el daño en pérdidas humanas. Los entendidos del Instituto Geofísico del Perú dicen que, al menos, necesitamos 50 estaciones enlazadas por satélites, la mayoría en la costa. Además, requerimos de leyes que obliguen a los medios de telefonía, radio y TV a enviar mensajes simultáneos y en tiempo real para prevención de desastres naturales, como ocurre en otros países. ¿Qué estamos esperando? ¿El próximo terremoto?