Foto: Rafael Cornejo.
Foto: Rafael Cornejo.

Edwin Sierra,CómicoAutor: Gonzalo Pajares.gpajares@peru21.com

Edwin Sierra tiene 40 años, un hijo y un programa de radio: Qumbias y Risas (de L a S, de 7 a 10 a.m., en la Nueva Q, 107.1 FM). Alejado de la televisión, dice que sigue siendo amigo de Carlos Álvarez a pesar de sus desencuentros recientes: "En ese programa había muchas estrellas", afirma. Aquí dice más.

Eres de Cusco. ¿Sabes quechua?En mi familia era una ley. Mis abuelos solo hablaban quechua, entonces, era necesario saberlo para comunicarnos, pues ellos eran quienes en realidad nos criaban.

¿Fuiste discriminado?Cuando vine a Lima, en el colegio, que es un ambiente bárbaro, donde la discriminación es fuerte. De frente te llaman "cholo", "paisano" "serrano". Estudié en el Labarthe, de La Victoria. Me vine del Cusco a La Victoria, a la avenida 28 de Julio. Llegué en ojotas, y me vine porque me quedé huérfano. La imagen que tenía de Lima era idílica, con mar y edificios bonitos, y cuando llegué me encontré con edificios, pero de basura. Venía de Cusco, donde hay mucho respeto por la naturaleza. Y si ves calles con orines es por los turistas pastrulos (risas).

Te lorneaban…No, gracias a Dios, no. Recuerdo que me chocó el léxico de mis compañeros: concha de tu madre, marica, palabras que yo desconocía o que no usaba, porque en casa me enseñaron que no había nada peor que una mentada de madre. Fui educado a la antigua, pero la necesidad me hizo aprender malas palabras, me acriollé, pero nunca peleé, pero sí aprendí mi floro.

Para ti, ¿el humor fue un mecanismo de defensa?No, ya lo traía desde Cusco; era algo innato, no sabía que ya era un artista. Recuerdo que imitaba a mis abuelos, a mis tíos; estaba en todas las actuaciones, se supone que iba a recitar algún poema pero, en realidad, contaba chistes (ríe). Quise pertenecer al club de teatro del colegio, pero el profesor no me dejó, según él yo no tenía pasta: "Eres muy chiquito. El artista tiene porte. Además, mira tu color, quién te va a llamar para galán". Me sentí muy mal, entonces me rebelé –algo propio de mi raza inca– y armé un club paralelo de teatro. Lo curioso es que mi club gustaba más y terminamos representando al colegio y haciendo más funciones que el oficial.

Has sido, desde pequeño, un mil oficios…Sí, lavé carros, lustré zapatos, vendí caramelos y estuve a punto de convertirme en un pirañita: postulé para pirañita pero no aprobé (risas). Te lo juro, me dieron clases. Trabajaba llevando agua en el Cementerio El Ángel. Era común que la seguridad no nos dejase entrar, si eso pasaba no teníamos para comer. De esto se aprovechaban algunos abusivos. Recuerdo que me preguntaron si había almorzado. Les dije que no y me llevaron a comer mi cebiche con mi tallarín rojo, y después me dijeron: "Estás que te mueres de hambre por gusto. Mira a mi sobrino, mira su reloj, mira sus zapatillas. Si te mueres de hambre es por huevón". Me preguntaron si sabía correr y a mí y a mi hermano nos dieron clases para carterista.

¿Qué te salvó?Ensayé tres veces y no me alcanzaban. Tenía un pique bárbaro. Pero llegó la hora de la práctica. Corrí hacia una señora, mi hermano la distrajo y, cuando estuve a punto de quitarle la cartera, le dije: "Señora, tenga cuidado que le quieren robar su cartera". Me arrepentí pues me acordé lo que me dijo mi papá: "Nunca tomes un sol si no lo has ganado con tu trabajo".

¿Es verdad que en algún momento quisiste ser abogado?Sí, como tenía mi floro, me dijeron que funcionaría de abogado. Ya que no la hice de pirañita, era mejor robar elegantemente (ríe). Ingresé a la Villarreal, pero me retiré a los dos meses porque no tenía tiempo ni dinero. A los 23 años entré a radio Moderna, a Lo bueno, lo malo y lo feo de la jornada, un noticiero cómico.

Curiosamente, estos días has vuelto a la radio…Sí, conduzco Qumbias y Risas. Allí informo con humor. Te cuento una anécdota: Un día vino una señora y me pidió que le haga un show en un AA.HH. Le dije que no le iba a cobrar, que solo necesitaba para la movilidad. El día del evento, llegó la señora a mi casa y me dijo: "Tengo el bus afuera". "¿Un bus?", le dije. "Claro, para llevar a todos los personajes de su programa" (risas). No imaginaba que yo hacía todo.

La radio es mágica…Por ella estoy bien informado y, la verdad, me gusta saber de todo: política, deportes, espectáculos. Eso sí, soy apolítico y solo me inclino ante la democracia. En la radio me siento un ciudadano que se indigna, por ejemplo, con las gollerías de Antauro. Alan me cae bien, tiene un floro que convence, no importa que digan que es ladrón (risas). ¿Toledo? Cada vez que lo veo me da sed (risas).

Has salido con chicas despampanantes. ¿Cuál es tu talento?Mi floro. Soy muy tímido y para conquistar recurro mucho a mis personajes: El Chavo, Cantinflas…

¿Dónde pones la billetera?A veces, sobre la mesa, pero, créeme, soy más floro (risas).

AUTOFICHA

- Nací en Cusco, en 1971. Quedé huérfano y vine a Lima a los seis años. Doy clases de quechua en mi programa de radio. El quechua era el idioma de mi familia.

- En Cusco trabajé la tierra, comía mi papa y mi queso. En Lima, vendí caramelos, lustré zapatos, lavé carros, vendí flores.

- Mi secreto con las chicas está en mi floro. Soy muy tímido y, para conquistar, recurro mucho a mis personajes: pongo la cara de El Chavo, hablo como Cantinflas, etcétera.